No hay papeles para ti

Imagino que internet estará lleno de historias anónimas de personas que se juegan la vida para llegar a nuestro país, pero de la que hablo hoy, aunque bajo anonimato, no es anónima.

Mohammed, pakistaní, mira a su futuro con desesperanza. Tiene 16 años, vive en Libia, y sus facciones pakistanís le hacen claramente un extraño en su país de acogida. Habla urdu, un poco de árabe y sabe algunas palabras y frases cortas en inglés. De algún modo ha reunido 3000 euros, posiblemente endeudando a varios familiares, y ha decidido invertirlos en la esperanza europea.

La precaria embarcación en la que viaja es abordada por las autoridades italianas, quienes les llevan a un centro de retención en una isla cercana a Nápoles. Allí pasa treinta días, hasta que queda en libertad, y no sabemos cómo ni por qué, llega a Catalunya. Totalmente desorientado vagabundea por las calles hasta que da con una compatriota que le acoge altruistamente durante tres días y finalmente da conocimiento a las autoridades de la situación de Mohammed.

Así llega a nuestro centro, tímido, sin entender nada y repitiendo una y otra vez que lo único que quiere es llamar a su madre y decírle que está bien. Pasan los días y Mohammed sigue la dinámica del centro con pasividad y sumisión, no expresa nada, pasa las horas en simbiosis con el sofá y al fin un día explica que “quiere papeles”. Desde las instituciones se nos dice, más o menos: ¡Será aprovechado! ¡Así era tan sumiso y tan bueno! Lo único que pasa es que quiere papeles, como si aquí los regaláramos. No, no, no, Mohammed, no tenemos papeles para ti… aunque tampoco tenemos claro si recibiremos la orden de tu repatriación, ya nos gustaría, ya, y sacar de nuestras calles a vagos y maleantes como tú que vienen por gusto a España a delinquir y quitarnos las ayudas de nuestros hijos.

Así que Mohammed, cada vez más sombrío y depresivo se hunde en el sofá, debatiéndose entre despedirse de nosotros (“I go out, you no papers”) y buscarse la vida en las calles de un país del que desconoce las lenguas y costumbres o quedarse a la espera de no se sabe qué, al alcance de las autoridades que posiblemente lo quieran repatriar. Por mi parte, aún sin saber si hago lo correcto o no, le he animado a que se quede algún tiempo con nosotros, que se aproveche del sistema que se aprovecha de gente cómo él y que aprenda español mientras le podamos dar casa, comida y apoyo.

Pero en mi mente pesa la posibilidad de que ocurra como con Tarik, aquel menor al que un día tuve que despertar a las 4:00 AM para decirle que los Mossos d’Esquadra estaban esperándole abajo para repatriarle a su país. Tras seis meses en un centro de “Urgencias” (dónde debería estar un máximo de 2 semanas), pasando 10 horas al día en una pequeña sala con otras 20 personas y sin que se le pudiera ofrecer ningún tipo de oportunidad de aprendizaje laboral a alguien que lo único que quería era trabajar. Un día, sin más, sin aviso ni anestesia le debo decir al chico, aún medio dormido: Tarik, haz tus maletas y prepárate para volver a “casa”. Por favor, hazlo, y no opongas resistencia. Aunque sea egoísta, por favor, no me hagas ver cómo sales de aquí esposado, ya que tú no eres un criminal.

¿Qué pasará con Mohammed? ¿Existe alguna decisión que sea la correcta?

4 Responses to “No hay papeles para ti”

  1. El Príncipe Mono Says:

    No existe una decisión correcta, existe una decisión pragmática (el horrible paragmatismo que promueve el sistema). No está en tus manos la repatriación, pero sí lo está darle habilidades, elementos y conocimientos. Debe aprender castellano mientras esté acogido, conocer la cultural del lugar de acogida, intentar aprender a desenvolverse en un lugar tan duro para un extranjero como Europa. Tal vez sea repatriado, pero es probable que intente dar el “salto” de nuevo. Creo que tu objetivo es dotarlo de lo necesario para que en la próxima ocasión pueda luchar para salir adelante en su lugar de acogida. Mohamed ha decidido intentar con el sueño Europeo y tú puedes poner la primera piedra para materializarlo.

  2. el encapuchado naranja Says:

    A veces siento vergüenza con este tema. ¿Qué tengo yo que no tenga él que le permita poder intentar buscarse la vida dignamente en este país? ¿Qué tiene cualquier otro niño de 16 años nacido en Barcelona que le diferencie? Bastante difícil seguramente habrá sido su vida hasta ahora como para que encima se lo pongamos nosotros más difícil todavía, nosotros que ni por asomo podemos imaginarnos lo que podría significar vivir sin todas las facilidades que hemos tenido por el simple hecho de nacer en el primer mundo.

    En fin, tomaré nota y seguiré intentando al menos que en el tiempo que esté con nosotros empiece a aprender algo de español de supervivencia. Ya viste la nota de \”No es nuestro trabajo enseñar español, hay recursos para eso\” pero venga ya… no creo ni que ella misma se lo crea

  3. El Príncipe Mono Says:

    La nota es lamentable ¿Para qué estamos entonces? Sí es mi trabajo hablar con un chico y transmitirle la cultura, porque la educación es el acto de transmisión de la cultura. Dotar al educando de los elementos necesarios para que se desenvuelva normalizadamente en la cultura en la que vive, implica comunicarme verbalmente con él y para eso debo enseñarle aquello de la cultura que no conoce, a saber, el castellano.

  4. el encapuchado naranja Says:

    Fue bonito mientras duró. Mohammed decidió que si no le dábamos papeles lo mejor que podía hacer era irse. Y así fue. Seguramente nunca nos contó toda la verdad, pero lo entiendo perfectamente. Espero que tenga suerte…

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