Mi trabajo
Soy educador social en un centro de acogida de menores. Tengo la suerte de hacer un trabajo que me gusta y que diariamente supone un reto profesional. Nunca hay dos días de trabajo iguales y estos nunca acaban como uno los ve empezar.
La única característica común a todos los usuarios del centro es que se encuentran en situación de desamparo, por lo que el centro es quien se hace cargo de su tutela. Digo usuarios como podría decir cualquiera de los mil eufemismos que utilizamos en nuestra profesión para referirnos a ellos (el más feo pero exacto de todos es el de “educandosâ€). Algún día me extenderé sobre este asunto de los eufemismos.
Ser educador en un centro de menores implica convivir con ellos durante tu horario de trabajo y desempeñar las funciones que en una situación normal realizarían los padres de estos chicos. Eso implica hacer cosas tan básicas como despertarles, recordarles que se laven los dientes, comer, jugar o charlar con ellos. También mediar en situaciones de conflicto, dar apoyo y afecto, llamar la atención, imponer sanciones, reforzar conductas positivas o tratar de que cada intervención con ellos implique un aprendizaje. Hay mucha burocracia, trabajo de despacho, llamadas de teléfono, reuniones interminables y recados. Hacemos todo esto a la vez, y sobrevivimos gracias al soporte que representa el equipo de trabajo, los otros educadores que están contigo en la trinchera y los demás profesionales que aunque no comparten el día a día también tienen importantes responsabilidades de cara al menor.
En este blog quiero compartir mis experiencias en el trabajo, mis frustraciones, inquietudes, esperanzas, limites, éxitos y fracasos. Siento la necesidad de lanzar el anzuelo con la esperanza de que perdidos navegantes de la red que puedan sentirse identificados conmigo encuentren aquí un lugar de debate, ayuda, colaboración y feedback sobre nuestra profesión.
Mi gran preocupación es cómo hacer todo esto respetando estrictamente el derecho a la privacidad de los chicos con los que trabajo. Por ello, todos los nombres que utilizaré serán inventados e intentaré centrarme en nuestro trabajo ante determinados casos más que en el caso en sí. Las situaciones sobre las que hablaré pueden repetirse de un modo muy parecido en cualquier centro de menores de nuestro país, e incluso de muchos otros que compartan nuestra problemática social.
Siéntanse totalmente libres (hasta obligados diría yo) a comentar y escribir al respecto, están ustedes en su casa.
Agosto 30th, 2006 at 20:07
Vente pa’ Canarias!!
Los centros de menores de aquí necesitarían a mucha gente como tú…
Agosto 31st, 2006 at 20:55
Los centros de menores en Canarias pagan un 30% menos de lo que gano aquí, con un ratio educador-menores que puede doblar al que tengo en este centro, equipos de trabajo en los que perfectamente tus compañeros pueden ser un filólogo, un estudiante de derecho y un físico… Por no hablar del estado de las instalaciones (de lo que he podido ver), la precariedad laboral o los horarios anti-vida. Me encantaría poder trabajar desde dentro en casa y cambiar las cosas, pero también quiero ser feliz y disfrutar de mi trabajo…