Los apadrinamientos
Opina Caros Ballesteros, del Comité de Apoyo de Attac, con quien estoy totalmente de acuerdo:
- Es en gran medida una medida caritativa, asistencial, de mera transferencia de fondos desde el Norte rico al Sur pobre, que trata de canalizar fondos para atacar las consecuencias (el hambre, la falta de saneamiento básico, etc.) más que las causas de la miseria y la exclusión. Sin embargo la gran mayoría de asociaciones que optan por este sistema dejan claro que, si bien el apadrinamiento es a un niño concreto, la aportación económica está destinada a toda la comunidad donde vive el ahijado.
- El apadrinamiento no es pues sino una herramienta de marketing para captar fondos que en muchas ocasiones juega con los vínculos afectivos y emocionales (niños llorosos y desnutridos, sucios…) sin explicar las razones reales de la pobreza. Es muy cierto que la sociedad en la que vivimos esta muy necesitada de emociones, de sentimientos, pero no es más cierto que utilizado así no hace sino simplificar, a mi juicio, un problema mucho más complejo y grave, como es el de la pobreza en el mundo.
- El apadrinamiento no sensibiliza ni educa: puede llegar a acabar convertido en un apunte en la cuenta corriente del padrino, como el recibo de la luz o del agua. Puede convertirse (como de hecho está pasando) en una costumbre consumista. El “Te regalo un niño apadrinado por Navidad o por tu cumpleaños” es un fenómeno que empieza a darse en nuestra sociedad y que a mi juicio convierte la solidaridad en un bien de mercado.
- El gran reto al que deberíamos enfrentarnos es precisamente el cómo conseguir el paso de padrino-donante a militante, a persona comprometida que no da el 0’7% de su dinero sino que se plantea qué pasa con el 99’3% restante de su dinero, de su tiempo, de sus hábitos de vida.
Cambia de vida para cambiar el mundo es quizás uno de los slogans más y mejor conseguidos y que mejor comunica la filosofía que hay detrás de una verdadera educación para el desarrollo. Sólo mediante el cambio de mis hábitos de consumo, de ahorro, de estilo de vida en definitiva conseguiremos cambiar el sentido de giro del mundo. Y sólo cuando el mundo gire en otra dirección conseguiremos que no haya ya niños que apadrinar, porque no habrá pobreza en el mundo. Esa es la Utopia por la que merece la pena trabajar.
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Texto completo, Attac Madrid.
Visto en [La Otra Agenda] “Solidaridad de Tamagotchi”.
Noviembre 22nd, 2007 at 14:25
Me es muy complicado matizar mi opinión.
Soy educador social y me gusta pensar que estoy comprometido con el cambio. Soy socio colaborador de Intermon Oxafam y mi pareja de la fundación Vicente Ferrer, pagamos un cota mensual, igual que la de la luz o la del agua que son básicas en nuestra vida cotidiana. Pagar a las ONGs enunciadas, es también una necesidad básica para mi pareja y para mi y creo que el dinero contribuye postiviamente en los proyectos de desarrollo que se llevan a cabo.
El apadrinamiento puede salir también de la reflexión y el activismo solidario, se puede apadrinar con la idea de contrribución al cambio social.
No me seduce el apadrinamiento pero creo que se puede matizar la opinión de Caros Ballesteros, a pesar de coincidir en mucho de lo que dice.
Creo que es compatible el “cambio de mis hábitos de consumo, de ahorro, de estilo de vida…” con el apadrinamiento o la donación mensual a una ONG.
Cuando paguemos lo que debemos y desarrollemos una economía más solidaria, podremos dejar de donar o de apadrinar. Pero mientras tanto, permitámonos la licencia de comerciar con algo que puede servir a una persona a miles de kilómetros.
En mi cumpleaños, pedí a mi familia que me trajesen el dinero que pensaban destinar a mi regalo. Luego lo invertimos en 2 ONGs ¿Contribuí al cambio o perpetué la pobreza?
Noviembre 25th, 2007 at 8:44
Sergi, aquí arriba se habla del apadrinamiento en sí, no de la aportación a ONGDs. Es decir, utilizar la imagen del niño/a y la figura del “padrino” con fines de marketing social. Yo creo que lo que explica en su texto Carlos es que este mundo no lo arreglamos exclusivamente con aportaciones económicas, que son útiles y necesarias, pero no suficientes.
Lo que hace falta cambiar es nuestra forma de relación con el otro, nuestra actitud hacia el consumo, hacia las violaciones de derechos y injusticias, nuestra pasividad ante la violencia institucional, etc. Conociéndote, lamento que te dieras por aludido, ya que eres una de las personas que considero más críticas y reflexivas sobre sus acciones, con verdadera y sincera vocación por ayudar y compartir con el otro.
Lo que ocurre es que a veces cuando nuestra solidaridad se reduce a tener “un ahijado” en Sudán que manda una carta cada Navidad, se simplifica el problema y se da una sensación irreal de que ya hemos hecho todo lo que podemos. No sé si me explico…
Noviembre 25th, 2007 at 18:32
Hace poco debatía con una familiar, la opción de donar o no a las ONGs y en ocasiones me siento “complice” de la perpetuación de la situación que perpetúa la desigualdad.
La donación a una ONG es, por supuesto, una ayuda y una inversión de futuro. Pero siempre me asalta la duda de que con ello tomo un camino fácil: destinar el dinero que consigo con alguna horas de trabajo a fines solidarios.
Tal vez debo dedicar más energías a exigir a mis políticos que cambiemos la relación que tenemos con los países explotados. Las ONGs en países con tasas tan elevadas de miseria son indispensables y necesarias, pero la contribución que hacemos los socios colaboradores no es suficiente. Debemos encontrar otra manera de conseguir que equilibrar la balanza de los recursos y su distribuición.
Es preocupante lo que señala Carlos, regalando un apadrinamiento podemos creer que estamos creando un red social. Si llegamos a convetirlo en un producto de mercado, corremos el grave peligro de producir pobreza y desigualdad para luego “pagar” por su erradicación al apadrinar un/a niño/a. Da miedo esta ley de oferta y demanda.
Diciembre 3rd, 2007 at 22:19
Comparto tus reflexiones. Sobre este tema te recomiendo encarecidamente los magníficos posts titulados “niños con moscas (1, 2 y 3)” recientemente publicados en [La Otra Agenda].