Homenaje a los padres que hacen los deberes con sus hijos

- Víctor, venga, a hacer los deberes (si digo “a hacer la tarea”, como decimos en Canarias, lo confunden con las tareas de limpieza de después de las comidas y tengo conflicto seguro).

- Ya voy, ya voy…

- Venga, vamos, coge las cosas.

- No, ahora no quiero.

(La confrontación lleva a conflicto, el conflicto a nada, evítalo, evítalo).

- Quedamos en que esta es tu hora de estudio, ¿verdad?

- No, hoy no tengo deberes.

(¡Mayday, mayday!)

- Eso no fue lo que me dijo la educadora del Instituto…

- Bueno, vale, pero si me ayudas tú.

(Vaya, fue más fácil de lo que parecía)

- Claro, ¿qué tienes que hacer?

- Mates, divisiones con fracciones.

(Je, eso está hecho).

- Pues a ver, a ver…

Ejercicio 47. Tienes un CD que cuesta el triple que una cinta. Si el CD cuesta 7′22 euros más que la cinta, ¿cuánto cuestan cada uno de los dos?

Víctor me mira y arquea una ceja.

Yo miro de nuevo el libro y arqueo una ceja. Luego la otra. Sí, yo, el que hizo Ciencias Puras en COU. Sudo. Y él me mira. Pienso en divisiones y en fracciones y no tengo ni idea de cómo salir de este marrón. Sólo me vienen a la cabeza equis y cosas así.

- ¿A ti ya te enseñaron a hacer ecuaciones?

- ¿Ecuaqué?

(Este va a ser un día muy largo…)

5 Responses to “Homenaje a los padres que hacen los deberes con sus hijos”

  1. aloha Says:

    jajaja Yo estoy de las practicas de una asignatura y parte de las horas son de “tareas”, a mí tambien me pasa pero lo mejor de todo es que yo he hecho el bachiller de letras puras y sólo me preguntan cosas de mate.
    Un montón de veces no puedo responderles pero como son majos no se lo toman mal.

  2. Lenko Says:

    Nada, nada, el verdadero padre que merece un premio es el que se pasa una hora con su hija para que coloree círculos y triángulos: “A ver, cuidado no te salgas de la línea… mejor pinta sobre lo blanco y no encima de lo que ya está pintado… venga, aquí le falta un poquito más… no, ahora no podemos cambiar de color hasta que no pintemos todo el círculo… venga, que si sigues así de lenta nos vamos a pasar todo el día… ahora que cogiste el ritmo no te pares… vaya, se te rompió la punta, vamos a afilar… otra vez…”

  3. El príncipe mono Says:

    1/3 = 1 - 7.22

    1/3 -1 = - 7.22

    1/3 - 3/3 = - 7.22

    -2/3 = - 7.22 –> 2/3 = 7.22

    7.22/1 : 2/3 = 1 cd

    ¡Vaya potra!

    1 cd = 10.83 —-1 cinta =3.61

  4. el encapuchado naranja Says:

    Jejeje, vale Príncipe, ¿pero tú hacías eso con 12 años?

    Lenko: Te has ganado el cielo. Voy a adivinar de qué color quería pintar el círculo… ¿rosa?

    Aloha: Esa es la técnica de una educadora incongruente que conozco, yle va bien, sinceridad ante todo. El caso es que algunos somos demasiado orgullosos para dejarnos vencer por un ejercicio de 1º de la ESO. Por cierto, ¿haces prácticas de qué y dónde?

  5. txoni3 Says:

    Niño de once años. Pide al padre que le ayude en matemáticas, porque en clase está perdido. Pactan una hora todos los días. El padre piensa en el mejor método. Al fin decide algo interesantísimo: “no decir nada”. Resultado: el primer día de reunión en torno a una mesa: con lentitud exasperante el niño decide: Haremos problemas. Tarda, pero al fin trae un libro. Tarda, pero al fin lee uno de los problemas que nunca entendió en clase.
    Le vienen al padre ganas de decir: “Te hacen una pregunta, para eso te darán unos datos…”: calla. Al cabo de una buen rato el niño: “Me preguntan esto…”, y al rato: “Pues me tendrán que decir cuál es el precio de…”. Relee el problema, encuentra los datos que busca y no captó en la primera lectura: “Claro: me lo tenían que dar… ¡vaya tontería!”. El papel del padre era el de simple interlocutor atento, sin ninguna iniciativa, pero asintiendo, o incluso preguntando si algo no lo entendía.
    Al final de la hora sólo se había hecho un problema, pero el niño comentaba: “No sé si para estas cosas tan fáciles nos tenemos que levantar una hora antes…” Al tercer día era él quien explicaba los problemas a sus compañeros.
    ¡Se explica!: El profesor era una persona muy abnegada, lo explicaba todo, y si no lo entendían, lo volvía a repetir. Resultado: en la clase nunca había un rato largo de silencio para pensar.
    La obligada brevedad de este relato hace que queden omitidos muchos sabrosos detalles. Salvamos éste: una mañana el padre no logró entender uno de sus razonamientos y el niño le dio con los nudillos en la frente y le dijo: “¡Papá, que no te enteras!”. Luego comentaba el padre que de haber llevado él la iniciativa, el método no habría obtenido los resultados logrados, y además habría sido el padre el que habría dado con los nudillos en la frente del hijo con el mismo reproche. ¡Que no te enteras!”.
    Piénsese ahora en las torpezas metodológicas domésticas: insistencias,
    deberes, castigos, imposiciones…
    Didáctica General - Diplomatura de Educación Social, Material el 2º cuatrimestre – Curso 2007-2008 – Página 83

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