Eran otros tiempos

Cuando uno está de baja por algo tan impertinente como una gripe tiene varias posibilidades para cumplir con el sacrosanto reposo que le ha encomendado su médico de cabecera y al que supone que a sus jefes le gustaría que se dedicara.

Una de ellas es apagar las luces, llevar el portatil a la cama y tragarse media temporada entera de House. Esto puede causar efectos no deseados, como por ejemplo, que a la hora de cenar trate usted a su compañero de piso como a su subalterno Chase, y que sus comentarios sean especialmente ácidos e impertinentes. No por ello deja de ser la primera alternativa, ya que uno por suerte tiene compañeros que le perdonan casi cualquier cosa y puede permitirse ciertos excesos, pero cuando usted ya ha vaciado las despensas del dueño del administrador del Emule de la casa hay que pensar en otra cosa.

Durante unos instantes pasa por tu cabeza dedicar tu reciente avalancha de tiempo libre para adelantar todo ese trabajo atrasado de la universidad del que llevas semanas quejándote. Es entonces cuando te pones en frente del ordenador y decides poner más o menos al día tu buzón de correo electrónico, leer todos los blogs pendientes y leer los diarios electrónicos, incluso el libertaddigital para reirte un rato.

Has conseguido desterrar la llamada a la responsabilidad bastante lejos, por lo que es hora de abrir el msn y quedarte cual voyeur en estado “no conectado” a la espera de algún infeliz o infeliza con el que haga bastante tiempo que no hables. Entretanto visitas la cocina un par de veces, tiendes una colada que tardará varios días en secarse con este frío invernal y tras asegurarte de que no, no hay más episodios de House escondidos en ningún rincón de la casa, das el paso al estado “conectado” del MSN.

Tras algunas conversaciones reconfortantes con personas maravillosas que como tú tienen mil cosas más importantes que hacer, pero prefieren perder el tiempo escuchando tus problemas ocurre algo inédito y sorprendente. En tu apartado de contactos de “Salamanca” aparecen como conectados al mismo tiempo cuatro personas. Eran otros tiempos, hace 3 o 4 años, ya, de aquel año en que descubrí lo que era realmente la vida estudiantil sin complicaciones. Decides invitarlos a todos a una misma conversación y allí los tienes:

Mi antigua compañera de piso japonesa anti-japonesa, risueña, chillona y desvergonzada ahora residente en México y a la que no se le entiende en absoluto wey nada de lo que dice por su jerga chicana. Por otro lado la persona que me hizo elevar el fracaso a la categoría de arte: el rey de los anti-heroes, el capitán bandolero de Benidorm, que tras deambular por la historia y la educación social empieza a encontrar su verdadero yo en el teatro y un Blues del Makinavaja. Nada tan adecuado para él. Desde algún lugar de Portugal, el Barón Mezquita, filósofo sinvergüenza de elegancia freak, estudiante pobre en Salamanca, nieto de cacique en su pequeño pueblo de las montañas, líder de nuestro Comando Morcillón, que ganó bien pocas pero bien merecidas batallas. Por último, el sabio erudito leonés, conocedor de mil lenguas muertas, discípulo de Platón y antiguo miembro de la Falange de su pequeño pueblo para satisfacer la gloria de su ego. Amigo en la diversidad, y en la adversidad. 4 personajes sin parangón, todos ellos, en la distancia, por un momento de nuevo unidos en una sublime conversación de apenas varios minutos. Suficientes para pensar que cualquier pasado siempre fue mejor, pero que el camino recorrido hasta ahora bien ha valido la pena.

Y para dar más peso a todo lo escrito hasta ahora, la misma Alaska que sonaba en nuestro antro salmantino por excelencia, La Imprenta, suena ahora en el “random” de mi ordenador… Añadir nostalgia a la desmotivación de mis últimas semanas quizás no sea una buena receta, pero al menos me ha quitado la pereza de escribir en el blog. ¿Será un comienzo?

5 Responses to “Eran otros tiempos”

  1. Lenko Says:

    Para que veas que tu “enfermedad” no es tan rara: procastinar. :D

  2. el guille Says:

    de vez en cuando la nostalgia para esos tiempos me llena y me da ganas de reir y de llorar a la vez. solo me pasa al recuerdo de ese periodo.

    eran otros tiempos, de verdad…

    un abrazo muy fuerte desde otro anti-heroe que se acuerda de Alaska y de muchisimo mas en “La imprenta”

  3. el encapuchado naranja Says:

    Lenko, eso ha sido un golpe bajo. Podríamos dejarlo en que tengo gripe, nomás :)

    Gu, no hay nada tan triste como un recuerdo alegre… ¿Pero te imaginas qué triste sería que nunca hubiéramos vivido algo como aquello?

    Por cierto, ayer proponíamos un encuentro de anti-héroes en la Imprenta tan pronto como hagan el aeropuerto militar y de mercancias de Topas también de bajo coste. Al parecer están en ello. Podría ser sublime.

  4. El príncipe mono Says:

    ¿Qué decir del hombre de la capucha? Diré que me hace reflexionar y eso es algo de lo que cada vez menos son capaces de hacer (murieron Paulo y mi amigo Pato). Estos devanéos de nostalgia me recuerdan cuando me debatía entre ser el príncipe maltrecho o el mono maldito.
    Se ha echado de menos estos días sin aportaciones en el blog y sin ti ni Pipi Langtrump para ayudarme a enfrentarme a todo en la brecha… No sé si es porque escucho Marlango (Enjoy de Ride) pero me sobreviene esa nostalgia. Ahora soy el príncipe mono y desde que paseé por la playa aquella noche con Laura crezco día a día. Es alegre sentirse satisfecho aunque sea por momentos.

  5. el encapuchado naranja » Blog Archive » Fin de semana con fiebre Says:

    [...] Voy a tener mucho tiempo libre, así que me temo que daré bastante el coñazo la tabarra (¿se pueden o no se pueden decir tacos en un blog sobre educación?) por aquí. Podré incluso dedicarme a ponerle nombres a las rayitas del portatil, que han dejado de expandirse y se han conformado con quedarse con el centro-derecha del monitor. Ojalá hicieran como el PP y se fueran arrinconando hacia la derecha para dejarme leer los subtítulos de las series en inglés con las que ahora procrastino: Heroes y Los Soprano (no he dejado House, tan sólo se me han acabado los episodios). [...]

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