Día 9. Atenas.
Después de dormir 10 maravillosas horas nos levantamos con la agradable sorpresa de que uno de los griegos había comprado una especie de empanadillas para el “desayuno”. Intentamos ser simpáticos, pero entre otros problemas de comunicación cada vez que preguntábamos a alguien su nombre nos respondían con algo impronunciable de al menos tres sílabas.
Así que nos preparamos y salimos al centro de Atenas, dónde se celebraba la manifestación reivindicativa del Forum. Otra vez habíamos perdido la oportunidad de participar en alguno de los talleres de la mañana, está claro que no termina de ser del todo compatible el tema de los conciertos y las mesas redondas. O se va de fiesta al forum o se va a trabajar, lo que me dejó un decepcionante sabor de boca sobre mi participación en él.
La manifestación fue multitudinaria y en principio bastante animada. Tanto que a nuestra llegada una de las primeras cosas que pudimos ver fue cómo dos partidos comunistas se liaban a mamporros por hacerse con el lugar deseado dentro de la marcha. No es que fuera la nota predominante, pero sí que una de nuestras amigas nos comentó que no era demasiado extraño que se llegara a las manos en asambleas universitarias, discusiones políticas, etc. “Grecia es así”, vaya.
Nos pusimos en camino, entre un grupo de estudiantes griegos que llevaba banderas contra una posible invasión a Irán y al poco nos encontramos con los primeros indicios de la presencia del Black Block dentro de la manifestación. Unos cuantos contenedores quemados en medio de la calle y algunas sucursales bancarias con síntomas de alergia al Cóctel Molotov. La mayor parte de la gente, que hasta ahora paseaba tranquila, empezaba a ponerse tensa, y alguien nos pasó unas mascarillas de médico para protegernos del humo… y de lo que estaba por llegar.
Cuando pasamos por la embajada de Estados Unidos, los cientos de policías que la custodiaban echaron gas lacrimógeno a los manifestantes, cosa que se repitió 4 o 5 veces más a lo largo de la marcha y que nos tuvo estornudando el resto de la manifestación, pese a mascarillas, bragas y cualquier cosa que utilizaras. Esto provocó que los grupos se dividieran bastante, también por la intención de separarse de los cuatro capullos que se dedicaban a lanzar piedras y cócteles molotov a la policía, que estaba en todas partes y en gran número. Como siempre, unos pocos reventadores que hacen que las reivindicaciones de decenas de miles de personas se conviertan en su excusa para montar una batalla con la policía. Tristísimo.
Embajada de Estados Unidos
Allí estaban todos…
Al atardecer nos fuimos a un barrio en algún lugar lejano, dónde resistía una pequeña terracita con un huerto, entre tanto bloque de cemento. Era un pequeño centro social ocupado en el que nos dejaron prepararnos nuestro propio café griego: se mete agua, azúcar y el café en un cazo, se hace hervir y en el momento que empieza a subir se apaga. Tiene usted ante sus ojos un magnífico café griego con posos. Allí nos pusimos a aprender un poco de griego, cosas tan innecesarias como el: “tualeta puiné?” que viene a ser “¿dónde está el baño?”. Cuando lo puse en práctica, orgulloso, evidentemente no entendí absolutamente nada de la respuesta y no me quedó otra que poner cara de gilipollas para que me señalaran el camino.
Nuestros nuevos amigos nos movían de un sitio a otro sin que nos diéramos cuenta, nos decían: “suban a este autobús, bajamos aquí, ahora vamos al metro, etc.” y nosotros con la orientación de vacaciones en Peñíscola. Así fue como ya de noche salió un coche de la nada y nos dijeron “suban”, y nosotros subimos. Resultó ser un amigo del Moretti, un tal Dimitris (nos lo aprendimos dos días después) que nos acercó hasta el Antiforum, en el Politécnico de Atenas. En el jardín se conserva la puerta que derribaron los tanques causando una matanza de estudiantes a seis meses del fin de la dictadura en los ’70.
¿Qué es el Antiforum? Bueno, pues algo como el recontraantiforum. El Forum Social se realiza para ser la contrapartida del Foro Económico, y el Antiforum lo monta gente que no se siente de acuerdo con las ideas promovidas en el Forum Social. Dispuestos a ver todas las caras de la situación entramos en las aulas del Politécnico, que un grupo de unos 50 anarquistas habían convertido en un pequeño vertedero en el que bebían y charlaban con cara de odiar al mundo y a nosotros en particular.
Visto lo visto, nos acoplamos a Stratos y a un tipo muy menudo al que sus padres tuvieron el buen humor de llamar Hércules. Tenían intención de regresar al Forum, así que un taxista ruso muy simpático nos dio unas cuantas vueltas de más para redondear el taxímetro y nos dejó dónde no era. Pese a todo, a medianoche estábamos de nuevo tomando unas cervecitas, entre comida multiculti, conciertos de viejas glorias del rock griego y echándonos unas risas con Fuyumi y Marcia, una erasmus española en Tesalónica y una exerasmus griega en Bilbao.
Cuando regresábamos nos topamos con otro escenario dónde los Alex y Cristina ingleses desgranaban éxitos del pop americano setentero, no pudimos evitarlo y nos quedamos otro rato más cantando YMCA con Stratos, que después de no hablar nada durante dos días con nosotros empezó a hablar un inglés fluidísimo. De regreso a casa, tuvimos una discusión etílica en la que decidimos declararnos anti-antist, es decir en contra los que están en contra de los que están en contra, o algo así, en aquel momento parecía mucho más claro.
La discusión se paró en el momento en que el incoherente taxista armenio que nos llevaba a casa se animó a charlar y empezó soltar perlas como: “yo no recojo inmigrantes porque huelen mal” y a desvelar otros sutiles rasgos de su personalidad racista-fascistoide, algo sorprendente, viniendo de una minoría como la suya.
Creíamos que ya este día había sido suficiente, así que en cuanto llegamos al piso, Tià y yo nos pusimos a dormir, pero estábamos en ello cuando:
… suena una guitarra en la habitación de al lado
… llega el resto de la tropa griega, borrachos como cubas
… se une una armónica a la parranda
… no hay manera de dormir
… aparece el Moretti gritando en nuestra habitación, con una bolsa de cervezas, preguntando dónde están los españoles
… empieza a sonar… ¡una trompeta!
Stratos a la guitarra
Y cómo dijo aquel sabio: “Si no puedes con el enemigo, únete a él”. Así estuvimos, hasta las 8 de la mañana, improvisando letras de blues en griego, inglés (borrachos todos lo hablan sin problemas) y español. Moretti a la trompeta, el antiantist Stratos a la guitarra y Lefteris (costó 4 días aprender este nombre en particular) con la armónica. Lygia nos quiso demostrar sus sublimes conocimientos de español uniendo al ritmo de blues frases como “quiero chuparte la polla” o “puta, puta, puta”, para gran cachondeo del personal.







Enero 2nd, 2007 at 15:47
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