Día 12. Atenas – Nafplio

De algún modo que no consigo recordar fuimos capaces de levantarnos para llegar a la estación justo a tiempo de perder la guagua de las 12:30. Habíamos decidido ir hasta Nafplio, y desde allí movernos por las diferentes zonas de interés de esa parte del Peloponeso. La vendedora de los billetes, a la que por alguna razón no le gustamos, disfrutaba mientras nos explicaba que habíamos perdido la guagua y que no teníamos derecho a ningún tipo de descuento. El billete Atenas-Nafplio nos costó 10.20€ por cabeza.

Poco después me di cuenta de como inconscientemente volvíamos a cargarnos de espíritu de cutrerío viajero cuando un hombre me miró desconcertado mientras lavaba unos tomates en el baño de la cafetería de la estación. En la barra Tià aprovechaba para poner en práctica las enseñanzas de Fuyumi, y con mi diario en mano intentaba pedir en griego dos frappés a nuestro gusto, para descojone de las camareras. Unos bocatas de chorizo con tomate más tarde ya estábamos de nuevo en camino, con Tià durmiendo como un angelito y yo y mi resaca envidiándole su narcolepsia no diagnosticada.

Nafplio resultó ser una agradable ciudad portuaria, rodeada de altas colinas, sobre una de las cuales se alza parte de la villa. Hacia allí nos dirigimos con intención de encontrar una pensión, atravesando el casco antiguo de calles peatonales y escaleras por doquier. En lo alto de colina dimos con una pensión que por el módico precio de 26€ nos ofrecía un habitación doble con vistas a la Bahía y a la ciudad.

Habíamos venido con tan sólo algunas cosas para pasar dos días antes de regresar a Atenas, y para nuestra desgracia habíamos olvidado los carnets de conducir. No había manera de alquilar una moto para ir a los lugares recomendados de los alrededores de Nafplio, así que miramos muy a lo alto y nos decidimos por una visita a la fortaleza veneciana erigida en lo alto de la ciudad.

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La Fortaleza Veneciana desde Nafplio

Con paciencia empezamos a subir los 1000 peldaños que cuenta la leyenda que hay hasta llegar a la fortaleza. Tuve que soportar como un grupo de escolares alemanes me adelantaba sin ningún tipo de respeto, incluso los que se paraban cada diez peldaños para hacer una marca en una libreta y proseguir la marcha. Mis pulmones maldecían al tiempo que repetía las promesas de año nuevo de “en cuanto llegue a casa me pondré a hacer deporte”.

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Para que vean que no exageraba tanto…

Realmente el esfuerzo valió la pena, la fortaleza estaba muy bien conservada y daba a entender el poder de “la Serenissima” en una época en que los otomanos luchaban por el control del Mediterráneo. Para celebrar el ascenso me puse a preparar unos buenos bocadillos de sobrasada ante las desconcertadas miradas de los alemanes, quienes aún estaban decepcionados porque habían contado tan sólo novecientos sesenta y pico escalones.

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El interior del castillo.

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De esta parte no creo que ataquen los turcos

Tras el descenso fuimos hacia la zona del puerto. Allí descartamos la idea de subir a un barco para ir al pequeño castillo en medio de la Bahía, el atardecer ya era espectacular desde dónde nos encontrábamos. Decidimos regalarnos un frappé en una terraza para disfrutar de aquella maravilla que ocurría ante nuestros ojos.

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Nuestra pequeña debilidad griega

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No comments…

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Levando anclas

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Frappé en mano la felicidad debe ser algo parecido a esto…

Tras volver a la pensión y darnos una ducha revitalizante bajamos a las agradables calles del centro a cenar en una taberna. Para empezar la ya imprescindible ensalada griega y de segundo una mousaka (una especie de lasagna en que se sustituye la pasta por berenjena).

Intentamos buscar un lugar en el que tomar una cerveza que se adaptara un poco más a nuestro gusto, pero nos topamos con la inevitable homogeneidad de la vida nocturna griega. Pubs con terrazas en los que la gente se sienta durante horas y paga unos precios exorbitantes por sus frappés, ouzos, etc. El hecho de estar de pie en algún lado es imposible, porque el interior de los pubs suele estar vacío… así que las posibilidades de conocer gente o relacionarse son aproximadamente las mismas que en los aparcamientos subterráneos de un centro comercial.

Hubo un momento en que creímos encontrar la solución a nuestros problemas. Vimos a tres tipos que no encajaban con el perfil del pijo local y nos pusimos a seguirlos, esperando que nos llevaran a algún antro de mala muerte y cerveza barata. Para nuestra decepción al poco se pararon en otro pub aristo-freak y decidimos rendirnos a las circunstancias. El precio de la derrota fue de unos 10€ por dos cervezas belgas (las griegas brillan por su ausencia) y de regalo unas tapas que me hicieron desarrollar una muy íntima relación con el w.c. de nuestra pensión. Aunque posiblemente esta es el tipo de cosas que ustedes no quieren ni necesitan saber sobre mis viajes…

3 Responses to “Día 12. Atenas – Nafplio”

  1. La soñadora Says:

    HOla Johny!!
    Descubrí a través del msgr tu blog y temo decirte que…ME HAS ENGANCHADO!!! He leído tus aventuras griegas (deambulas aún por el país de los frappés? qué envidiaaaaaa), la historia del dormilón de tu centro, las Barcelonas de Barcelona, etc etc.
    Seguiré luqueando x aquí desde Granada donde estaré liada con el estudio del ser humano y sus comportamientos sociales, culturales, etc., es decir, antropologiando la vida! Aunque no sé si terminaré aquí o en Pekín jeje! Y donde sabes que estás más que invitado.
    Un beso graaaaANNNNDEE, enhorabuena y gracias por contar tus historias como sólo tú sabes hacer de forma tan exquisita.

    …Una que volverá a BCN porque allí, de alguna extraña y mágica forma creo que se sonríe más, motivo de peso que junto a un enriquecedor y motivante curro son más que suficientes para que la hayas elegido.

  2. el encapuchado naranja » Blog Archive » Mi 2006 en ciudades Says:

    […] - Santa Cruz de Tenerife, of course. Terra mater, dónde pasé la primera mitad del año. - Barcelona en marzo de visita y para dejar bien atados mis créditos romanos de Antropología Social y Cultural. En abril, como primera etapa de mi último gran viaje. Y al fin, en junio, cuando regresé a la ciutat comptal con intención de quedarme aquí por un tiempo. - Roma. Ma quanto sei bella!! Un feliz retorno en pleno primero de mayo, día de gran concierto y maravillosos reencuentros. - Lecce. La Salamanca de Puglia, barroca, hermosa y con un sinfin de no-lugares en sus inmediaciones. - Atenas. La gran experiencia de la diferencia entre viajar y hacer turismo… Días de Foro Social Europeo y fiestas improvisadas entre griegos y souvlakis. - Nafplio. Una perla en el Egeo. - La Xania (Creta). Antigua capital de la isla, de estilo veneciano inconfundible. - Rethymnon. Una historia de hospitalidad griega y casualidades europeas. - Oia: Un mágico pueblo de casas blancas en la isla de Santorini. Hace poco leí que fui afortunado, ya que sus puestas de sol son una de las diez más hermosas del mundo… - Selçuk, en la costa oeste de Turquía. Muy cerca de las ruinas de Éfeso. - Göreme. En pleno centro de Capadocia, uno de los lugares más increíbles y maravillosos que he pisado. - Estambul. Dónde disfruté de la experiencia de vivir con estudiantes turcos durante 5 días, disfrutando de una hospitalidad y amabilidad exquisitas. - Salónica. Hogar de estudiantes levantados en armas. - Constanza. Belleza gris y fría. Desencuentros y decepciones. - Zúrich. Un lugar como cualquier otro hacia el que emprender la huída. - Madrid. Una noche de reposo para regresar a la vida normal en casa de un buen amigo. - Peretallada. Un buen lugar para explorar los valles y costas de Girona. […]

  3. ANTONIO Says:

    SI QUIERES FOTOS TE ENVIO,,,SOY CHILENO RADICADO EN ATENAS

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