Día 1. Tenerife-Barcelona

Todo comienza en el Aeropuerto de Tenerife Norte. Me sorprendo al no verme preocupado, como de costumbre, a la hora de facturar. Esta vez sé que no es necesario sonreír, poner cara de pobre estudiante de mudanza o disimular que mi equipaje de mano pesa casi más que lo que voy a facturar. Marca doce kilos, es más de lo que me esperaba para mi radiante mochila nueva y mi saco de dormir ultra-ligero. Saco las cuentas y cruzo los dedos porque aquel que aconsejó no llevar más de un 10% de su peso exagerara, de todos modos, es la pesa de facturación la que exagera… a mi no me pesa tanto… (Sudor frío).

Air Madrid amablemente me ofrece una hora y media de retraso para sumirme en mis atribulados pensamientos pre-viaje: pasan ante mis ojos los meses currando en horarios absurdos en un 24 horas al estilo Clerks. Esos meses son los que han financiado el viaje, incluso recuerdo a alguno de los freaks noctámbulos entre la sensación de “me olvidé de algo importante” y “ojalá no me vuelva a tocar un gordo sudoroso acaparador en el asiento de al lado”.

Unas horas después, mientras estoy colocando mi mochila en “los compartimentos que se encuentran encima de sus cabezas” veo algo que hace que casi se me salten las lágrimas. Una joven rubia, preciosa, incluso se permite devolver la sonrisa cuando me siento a su lado, en mi bendito asiento 33H. El avión viene desde Colombia, de dónde procede la muchacha que no sólo no ronca ni ocupa la mitad de mi asiento sino que además se demuestra simpática. Esta es una buena señal.

Tres horas más tarde aterrizo en el Aeropuerto de El Prat y trato de escabullirme de la colombiana que resultó ser súper pija y pasó la mitad del viaje contándome lo maravilloso que es vivir en Cali (con pasta, claro) y la otra mitad llorando porque ya echaba de menos a su madre, a la que no verá en… uh… dos meses. No me lo ponen muy difícil con el juego de “¿Por qué cinta saldrán las maletas? Ahora en la 7… No, no, aquí dice que la 8, pues la megafonía nos manda a la 12…” con doscientos colombianos hechos polvo del jet-lag cagándose en todo dios.

Ya en Barcelona me re-encuentro con mi compañero de aventuras, el mallorquín de pura cepa Tià (de Sebastià), quien a modo de bienvenida me lleva al piso de unos amigos de las “illas” que están despidiendo a una francesa que acaba de firmar su divorcio con la Ciutat Comtal. Viva la France, viva las crepes y el menorquín que inventó la “pomada” (Ginebra Xoriguer con limonada). Para rematar la noche, nos reunimos con Llorenç, el tercer compañero de viaje, aunque sólo estará con nosotros la primera semana. Contra su acento cerrado de Manacor mi catalán estándar de “normalización lingüística” hace aguas y le tengo que hacer repetir todo lo que dice durante las primeras dos horas, pero sea lo que sea que dice el tío es divertidísimo y no paramos de partirnos el culo. Acabamos en un antro de lo más antro del Raval: “La bata de Boitier” dónde entre humo y voll-dams intentamos poner algo de orden (inútilmente) a los mil planes que tenemos para los próximos días…

2 Responses to “Día 1. Tenerife-Barcelona”

  1. Barraquito.net » EasyJet planea volar a Canarias Says:

    […] Por cierto, ampliando el post de experiencias con compaas de bajo coste, comentar el caso de Air Madrid. He volado una vez con ellos y no me fue mal. El avin sali en hora, nos dieron algo de comer (una merienda) y llegamos bien a Barcelona (las maniobras de aterrizaje al bruscas, pero soportable). Pero tengo algn amigo que dice que prefiere pagar ms y no volar con ellos y algn otro que ha sufrido los largos retrasos que pueden arrastrar al ser vuelos que hacen escala en Tenerife procedentes de Latinoamrica. Bueno, eso tambin hace que el avin por dentro est algo sucio y que la gente, tras horas de vuelo, haya estado saltando de asiento en asiento, pero tampoco es algo insoportable. […]

  2. el encapuchado naranja » Blog Archive » Mi 2006 en ciudades Says:

    […] - Barcelona en marzo de visita y para dejar bien atados mis créditos romanos de Antropología Social y Cultural. En abril, como primera etapa de mi último gran viaje. Y al fin, en junio, cuando regresé a la ciutat comptal con intención de quedarme aquí por un tiempo. […]

Deja un comentario