Caza de brujas

Josep Ramoneda, en El País, nos pone en situación:

“Casi 20 años después de la caída del muro de Berlín, la cultura de las deportaciones, que parecía erradicada para siempre, vuelve a Europa. ¿En qué consiste? Se empieza convirtiendo a unos grupos sociales determinados en responsables de todos los males de la sociedad. Se sigue negando el reconocimiento y la condición de ciudadano a las personas que los componen, es decir, se les rebaja su condición humana. Y se acaba proponiendo como solución el desplazamiento obligatorio de estas personas, ya sea para expulsarlas, ya sea para internarlas en lugares piadosamente llamados “centros de estancia temporal de inmigrantes”. Esto ocurre hoy, a la vista de todos, en una Europa que nació precisamente para que estas cosas no volvieran a ocurrir nunca más.”

Está ocurriendo ante nuestros ojos y sin embargo parece que no nos damos cuenta. Europa acaba de endurecer las medidas contra la inmigración ilegal, permitiendo criminalizar, y por tanto encerrar a las personas migrantes en los avergonzantes centros de intermiento de extranjeros por un máximo de 18 meses. En Canarias estos centros funcionan en condiciones lamentables, masificados y sin permitir el acceso a los medios u organizaciones por los derechos humanos. Sin embargo, estas nuevas medidas, para nuestra Secretaria de Estado de Inmigración no son sino una ampliación de los derechos y garantías de los ciudadanos y ciudadanas extracomunitarios/as.

Por otro lado, en Italia, en primeros puestos de la ola xenófoba que impregna Europa en estos días, se acaba de aprobar una ley que criminaliza la propia condición de “inmigrante ilegal”, convirtiéndola en delito punible con hasta 4 años de carcel o deportación inmediata. La ley que han creado para este fin es tan terriblemente efectiva que castiga a quienes alquilen una casa a una persona extranjera indocumentada con penas de cárcel y embargo de la vivienda. Y una persona sin domicilio no puede empadronarse para recibir ningún tipo de asistencia social.

Ya en los debates televisivos entre Zapatero y Rajoy tuvimos que asistir a un avergonzante juego de “Yo he deportado más que tú”, en el que Zapatero parecía sentir vergüenza por haber regularizado, es decir, convertido en ciudadanos y ciudadanas (aunque de segunda, y sin todos los derechos) a 700.000 personas extranjeras indocumentadas. Tras las elecciones, el recién estrenado ministro de Trabajo e Inmigración reafirma este mensaje dando vuelta atrás a las ya insuficientes medidas de la legislatura anterior y asumir gran parte del discurso del PP en materia de inmigración.

Y ante todo esto, ¿qué hacemos? No se trata siquiera de aquel “Primero se llevaron a los comunistas, pero a mi no me importó porque no soy comunista…“, el problema no es que un día nos toque a nosotros/as, el problema es que sigamos sin ser capaces de ver a nuestros vecinos y nuestras vecinas como a un igual, merecedor de los mismos derechos y oportunidades.

5 Responses to “Caza de brujas”

  1. Marisol Says:

    Te acabo de dejar un comentario sin haber visto tu blog, y ahora que ke he echado un ojo me e dao cuenta que somos casi compis de carrera (Yo soy Trabajadora Social) y que tambien estudio en Sevilla!!!

    Asi que encantada de leerte, agrego tu feed pa no perderte la pista !!!

  2. El nuevo muro que divide el mundo « Barraquito.net Says:

    […] Encapuchado Naranja da buena cuenta de ello: el problema no es que un día nos toque a nosotros/as, el problema es que sigamos sin ser capaces […]

  3. el encapuchado naranja Says:

    Hola Marisol,

    Bienvenida, pues, a este blog. En breve intentaré escribir lo suficientemente alto como para que se me pueda leer hasta en Bruselas ;)

  4. el encapuchado naranja » Blog Archive » En la red Says:

    […] de la vergüenza. En relación con la caza de brujas de la que hablaba el otro día ciudadanos y ciudadanas de toda Europa (y también otras personas a […]

  5. el príncipe mono Says:

    Es terrible.

    Hice un trabajo para antropología económica donde desarrollaba el tema de “trabajadores/as invisibles”, pero hemos empeorado. Ahora ya no los queremos porque solo los queremos para que hagan los trabajos que no queremos o no podemos hacer.

    Siendo hijo de inmograntes (una andaluza y un extremeño) que vinieron a buscarse la vida a Catalunya, se me rompe el corazón cuando escucho a españolas y españoles en mi situación, o incluso en la de mis padres que aplauden la iniciativa del ministro Corbacho.

    En momentos como este, me avergüenzo de ser español.

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