Cayucos sin pescado

Juan Jesús Bermúdez. La voz de Lanzarote.

Como nos recordaba recientemente The New York Times y, desde hace más tiempo, múltiples personas y colectivos de cooperación y ecologistas, la cuestión es bien sencilla: una importante flota de pesqueros modernos, de forma legal o ilegal, llega a acuerdos con los países de la zona para poder extraer sus recursos pesqueros, a cambio de fondos económicos. El resultado es la competición desigual con la flota artesanal de cayucos que contempla cómo la efectividad de las embarcaciones europeas, chinas o de otras latitudes, vacía su costa de peces. A partir de ahí los occidentales podemos incrementar nuestra dieta en el sano pescado - no local, dado el calamitoso estado de las reservas propias, sino importado de zonas con creciente sobrepesca, esto es, a costa de que otros coman menos pescado, vital para muchas comunidades pobres del Mundo.

La producción de la pesca global se ha quintuplicado en los últimos 40 años, según la FAO, y esto ha tenido como consecuencia que más del 70% de las pesquerías del Mundo estén sobreexplotadas. Sin ser pescadores, las personas con más recursos monetarios disfrutamos de múltiple variedad de aquéllos, capturados en medio Planeta y servidos en la mesa a través de una enorme cadena industrial que está a la búsqueda de la mayor rentabilidad, sin reparar en tamaños, cuotas o límites: se prodiga, como ha advertido Greenpeace, la pesca pirata, que acaba en nuestros platos, a través de nuestros puertos, y que finalmente es “tolerada” de una u otra manera en beneficio del abastecimiento alimentario en Occidente.

La cuestión se hace se hace aún más sencilla en África. Resulta que nuestra abundancia de dieta pesquera está relacionada con la inmigración africana. El declive de recursos naturales pesqueros en el continente ha motivado que la ya escasa economía local se haya visto deprimida, forzando a usar los barcos de pesca artesanales, mucho menos intensivos en la captura, para que emigre su población, despojada de una parte muy importante de sus ingresos.

Se dirá que no, que es que los gobiernos son corruptos, y que mi plato no tiene que ver con su drama, en un habitual ejercicio de limpieza de conciencia del que abusamos habitualmente. Pero lo cierto es que los cayucos, repletos de personas, vienen a buscar en estas latitudes lo que otrora estaba en las suyas. No sólo el pescado. También múltiples recursos naturales, hidrocarburos, etc. que tienen su destino final en los países más consumidores de bienes del Mundo, entre los que se encuentran los canarios. Entonces, quizás, antes de pronunciar aquello tan triste de la invasión, debamos cuestionarnos sobre realmente quién está invadiendo a quién.

3 Responses to “Cayucos sin pescado”

  1. Quique Says:

    No sé si debemos sentirnos mal porque comamos mucho pescado,no?. El problema es igual que al de los agricultores de aquí, que a los que trabajan la materia prima les pagan muy poco el producto ,comparado con suprecio en el mercado.
    Quique, educador en alaska

  2. el encapuchado naranja Says:

    Quique, el sentimiento de culpa o vergüenza a veces nos llevan a hacer cosas que quizás tengan un buen fin, pero a medio y largo plazo no creo que sean positivos a la hora del cambio. Creo que el tema está en tomar decisiones a partir de información, reflexionar sobre nuestro modelo de consumo y valorar si vale la pena cambiarlo o no. Está visto que las dietas de los países ricos están basadas en un excesivo uso del pescado y la carne, mientras que otros países simplemente no pueden permitírselo porque una hectarea utilizada para alimentar a una vaca destinada al consumo de carne, por ejemplo, es muy poco rentable si la comparamos con el rendimiento de una hectarea de cereal, hablando de cuántas bocas podría alimentar esa hectarea. No es un problema de comer carne o pescado, quizás sí de las cantidades en exceso, de nuestros derroches, del poco valor que le damos a nuestros productos y a nuestros desechos.

    Por otra parte, claro, también es un problema de intermediarios, pero no solo.

    España ha esquilmado todos sus bancos de pesca de una forma insostenible, por intereses del país, por no dejar en el paro a la flota, porque convenía más ganar más en poco tiempo que pensar en el medio y largo plazo… Ahora nos vamos a caladeros lejanos, y todavía nos enfadamos con Marruecos o Mauritania si no nos dejan pescar en sus costas. Somos depredadores, la economía va por delante de los problemas sociales o ambientales que generamos para mantener alto nuestro crecimiento y evitar problemas dentro de nuestras fronteras, sin preocuparnos de lo que estamos generando más allá. Y luego, claro, nos quejamos de la inmigración ilegal, de los cayucos, o en Canarias y Cataluña los partidos nacionalistas cada vez lanzan proclamas más xenófobas diciendo que nos dan mucha pena los pobres del Sur pero que aquí ya no cabe nadie más…

  3. El príncipe mono Says:

    Al igual que el encapuchado, estudio antropología y podemos afirmar de exclusión alimentaria, no solo por el hambre, sinó por las proteinas y vitaminas.

    No nos engañemos, nuestro modelo de consumo mata de hambre a más de la mitad del planeta. El cambio de modelo es indispensable, de lo contrario se verán obligados a derrocarnos (con toda razón).

    Cambiemos por solidaridad, inteligencia o pragmatismo, lo mismo da. Debemos promover que nuestros estados ricos promuevan ese cambio, de manera activa, responsable y participativa. Ya basta de quejarnos de nuestros/as políticos/as, trabajemos por una democracia más participativa y solidaria.

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