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Borja y la Consellera: grandes momentos

Martes, Diciembre 19th, 2006

Hace unas semanas alguien en la DGAIA (Direcció blabla blabla de infancia y adolescencia) había “invitado” a nuestro centro a participar en una muestra de pesebres con la creación de un fantástico portal navideño.

En un principio aquello sonaba a “un gran marrón”, hasta que viendo las primeras ideas de nuestros chicos, con la ambientación algo irreverente de “Pesadilla antes de Navidad” y una vírgen de material reciclado con un as de corazones sangrante en su pecho el asunto me empezó a parecer más divertido. Dos semanas más tarde y tras grandes esfuerzos por motivar a los chicos a acabar el dichoso pesebre, acabamos nuestra maravillosa obra de arte neosurrealista-dadaista de poliespán.

Y así fue como ayer fuimos invitados a la inauguración de la muestra de pesebres y tarjetas de navidad de la Conselleria de Bienestar Social, recientemente rebautizada como Conselleria d’Acció Social i Ciutadania. Para convencer a los chicos de que aquella era una gran oportunidad y que valía la pena dejar de ir a la piscina por tan magno acontecimiento tuvimos que aplicarnos a grandes argumentos:

- Chicos, va a haber pica-pica.

- ¿Con refrescos y croasanes?

- Eh… Sí, claro.

- Vale. Entonces sí que vamos.

(Me encantan los niños).

Así que una nutrida representación multicultural de nuestro centro acabó en el Palau del Mar, observando la muestra y pensando que, después de todo, nuestro pesebre no estaba tan mal. No cabe duda que fuimos la alegría de la huerta, en especial por los sonoros “¿Queda mucho?” durante el discurso del Superjefe de Prisiones que se extendía en quiebros y renuncios para convencernos de cuan importante era el concurso de tarjetas navideñas para la reinserción y reeducación de “las personas privadas de libertad” que “han cometido algún delito contra nuestras normas de convivencia”.

Tras el empacho de eufemismos, la Consellera d’Acció Social i Ciutadania Carme Capdevila (mi requetejefa, vaya) nos recordó que aquella era “la casa nostra”, y los pibes se lo tomaron a pecho porque no dejaron de aplaudir, moverse, reirse y hablar durante los discursos y la posterior actuación de la coral:

- Borja: ¿Puedo salir a fumar?
- El chino: Yo no entiendo na’, pero voy a cantal con ellos.
- El sordo: “…” (pero moviendose que da gusto)
- El inquieto: ¿Podemos ir a comer ya?

Esquivamos las miradas asesinas de unas cuantas señoras de bien que nos rodeaban y en cuanto se abrió la veda del pica pica fuimos rápidamente a ocupar nuestros puestos. El hiperactivo cleptómano tardó dos minutos en acaparar todo el turrón de chocolate en sus bolsillos y romper una botella de jugo (encima mío, of course). Borja se fusionó con la bandeja de “coca” navideña y el inquieto preguntaba dónde estaban las coca colas y los croasanes en aquel pródigo pica pica.

Ya nos batíamos en retirada cuando nos cruzamos con la Molt Honorable Consellera en nuestro pesebre, y animamos a los chicos a que le explicaran qué habían hecho y por qué. Entre otras cosas, los pibes le enseñaron el “Pont aeri”, reconocida discoteca de la región recreada en Poliespán, le explicaron que aunque no había caganer (el pastorcillo cagando tan arraigado en la tradición catalana) habían hecho una gran mierda con barro del doble del tamaño del niño Jesús y finalmente Borja le preguntó a “la señora” por qué no habían ganado el concurso (le habíamos explicado ya cuatro veces que no era un concurso). La Consellera, muy amablemente nos explicó que ella había sido directora de un centro de acogida en Girona, y la verdad, se la veía suelta…

En fin, una divertida experiencia de convivencia entre el arriba y el abajo. Debe ser a esto a lo que llaman política y ciudadanía participativa…

Vayamos por partes, dijo Jack el Destripador

Domingo, Diciembre 17th, 2006

Hoy he acabado un crimen perfecto. Hace unos días empecé el minucioso trabajo a encargo del sistema. Como un confundido Abraham (o debería decir Ibrahim) llevé a mi pequeño tutorizado marroquí de 12 años con el que convivo desde hace ya casi 6 meses a la mesa del forense. Bueno, quizás exagero, pero el caso es que llegó el momento de poner por escrito todo lo que he sacado en claro de la estancia del menor en nuestro centro.

Lo he despedazado, y me he dedicado a analizar sus partes, relacionarlas, ordenarlas por importancia y dar mi opinión sobre lo que he encontrado en ellas. En nuestra profesión lo llamamos diagnóstico educativo y junto con los informes de la trabajadora social, la psicóloga, la terapeuta, la doctora y la pedagoga pasará a integrar la síntesis evaluativa de la situación actual de Rachid.

En un centro de acogida como el nuestro esta síntesis lleva incluída una propuesta sobre la medida que las autoridades pertinentes (Dirección General de Atención a la Infancia y la Adolescencia) deberían tomar en relación a la situación del menor. Salvo excepciones, se trata de decidir si se dan las condiciones para que el menor regrese con su familia o debería ir a algún tipo de centro especializado.

El caso, y lo que me trae a escribir sobre este tema hoy es que durante varios días me he sentado delante de un ordenador y junto con toda la información recogida en este tiempo, mi experiencia, mis recuerdos y ciertos documentos que sirven de guía y ayuda en el proceso he detallado todos los aspectos del comportamiento de Rachid. He valorado su forma de relacionarse con sus compañeros, con los educadores o con la normativa del centro. Explico detenidamente cómo utiliza su tiempo libre, sus preocupaciones, sus anhelos, miedos, potencialidades y limitaciones. Hablo de mi relación tutorial con él, los acuerdos alcanzados, las pequeñas y grandes discusiones, los enfados, insultos y reconciliaciones… Hablo de tantas, tantas cosas, que hasta da miedo. Es como si conociera a Rachid mejor incluso de cómo él se conoce a sí mismo, y al mismo tiempo pienso que si alguien escribiera del mismo modo sobre mi, llegaría a certificar que conoce muchas cosas que yo ignoro.

De cualquier modo, no puedo evitar sentir un afecto inmenso por este diablillo que saca de quicio a cualquiera en un abrir y cerrar de ojos, que nunca para de meterse en líos y que te obliga a esfuerzos colosales de paciencia y asertividad para mantener una conversación fructífera con él. Rachid nunca sabrá que hoy lo he hecho pedacitos y ni él ni yo sabremos nunca si lo que he escrito en estos días tendrá algún tipo de valor para alguien. Pero lo que sí es cierto es que lo que hemos vivido en estos seis meses nos ha cambiado a ambos.

Por cierto, y a modo de autocomplacencia: fue mi primer diagnóstico educativo, ¡y en catalán!

No hay papeles para ti

Sábado, Noviembre 18th, 2006

Imagino que internet estará lleno de historias anónimas de personas que se juegan la vida para llegar a nuestro país, pero de la que hablo hoy, aunque bajo anonimato, no es anónima.

Mohammed, pakistaní, mira a su futuro con desesperanza. Tiene 16 años, vive en Libia, y sus facciones pakistanís le hacen claramente un extraño en su país de acogida. Habla urdu, un poco de árabe y sabe algunas palabras y frases cortas en inglés. De algún modo ha reunido 3000 euros, posiblemente endeudando a varios familiares, y ha decidido invertirlos en la esperanza europea.

La precaria embarcación en la que viaja es abordada por las autoridades italianas, quienes les llevan a un centro de retención en una isla cercana a Nápoles. Allí pasa treinta días, hasta que queda en libertad, y no sabemos cómo ni por qué, llega a Catalunya. Totalmente desorientado vagabundea por las calles hasta que da con una compatriota que le acoge altruistamente durante tres días y finalmente da conocimiento a las autoridades de la situación de Mohammed.

Así llega a nuestro centro, tímido, sin entender nada y repitiendo una y otra vez que lo único que quiere es llamar a su madre y decírle que está bien. Pasan los días y Mohammed sigue la dinámica del centro con pasividad y sumisión, no expresa nada, pasa las horas en simbiosis con el sofá y al fin un día explica que “quiere papeles”. Desde las instituciones se nos dice, más o menos: ¡Será aprovechado! ¡Así era tan sumiso y tan bueno! Lo único que pasa es que quiere papeles, como si aquí los regaláramos. No, no, no, Mohammed, no tenemos papeles para ti… aunque tampoco tenemos claro si recibiremos la orden de tu repatriación, ya nos gustaría, ya, y sacar de nuestras calles a vagos y maleantes como tú que vienen por gusto a España a delinquir y quitarnos las ayudas de nuestros hijos.

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La prensa en casa y otros desvaríos

Viernes, Noviembre 17th, 2006

Últimamente me da miedo mal rollo leer el periódico antes de entrar en el trabajo. La cruda realidad se deja ver de cerca en nuestro centro. Afortunadamente veo que la prensa ha decidido omitir la información que se refiere a menores, o bien que no les llegan los detalles de lo que está ocurriendo. Pero es curioso como algunas de las noticias de sociedad y actualidad que aparentemente no tendrían que ver para nada con nosotros acaban dejándonos un “regalito” en el centro.

Ocurre cuando se hace una redada en toda regla contra la prostitución y encuentras que en nuestra bella Barcelona los delicuentes también tienen hijos entrañables. O cuando es detenido al fin a ese detestable criminal cuya entrada en la cárcel saca a la luz la realidad de las condiciones de vida de sus hijos.

Demos la bienvenida a estos chicos a nuestro sistema, en el que parece que se quedarán largo tiempo. No repetiremos los errores de sus padres, pero podemos cometer muchos otros. Coge un crío de 8 años y explícale que es probable que pase los próximos diez años en diversos centros de menores… No te cortes las venas, te quedan mucho mejor largas…

Pero el día ha dado también para reflexiones más alegres. Tengo el encargo de un nuevo “tutorizado”, que nos llegó con grandes quemaduras recibidas al final de una gran aventura que comenzó en el centro de Europa. Me siento bien tras haberle podido dar una buena acogida, calmar sus miedos y desorientación y recibir una simple sonrisa y un Gute Nacht al arroparlo esta noche. Creo en mi trabajo cuando advierto que para otro de ellos es importante que antes de irme a casa pase por su cama y le de las buenas noches.

Como siempre, por salud mental y supervivencia, prefiero quedarme con esos detalles que dan valor a este trabajo…

Borja Forever

Jueves, Noviembre 16th, 2006

- Esto no me gusta, no me lo voy a comer.

- Venga, Borja, pruébalo.

- ¡Que no me gusta!

- ¿Estás diciéndome en serio que no te lo quieres comer? ¿Tú?

- No me lo voy a comer.

- Pues vale, pasa al segundo plato.

- No, ponme el primer plato de vosotros.

- No, Borja, tienes que tomar lo que tienes de dieta.

- ¡Pero no me gusta!

- Pero Borja, si eso que tienes está bueno, ¿puedo probarlo?

- Sí, cógelo todo si quieres.

- Mmm… Está bueno, es coliflor, y está rica. Échale un poco de aceite y verás.

- ¡¡¡QUE NO ME GUSTA!!! ¡NO ME LO VOY A COMER!

- ¿Pero lo has probado alguna vez?

- ¡CLARO!

- Venga, va, cómete la mitad de eso, aunque sea, que no se diga que no quisiste comer.

- ¡QUE NO! ¡Ponme de lo de vosotros! ¡¡¡QUE NO ME LO VOY A COMER!!!

- A ver, come la mitad de lo de la dieta y te pongo un poco de lo nuestro.

- Vale.

- ¡¡Ey!! ¡¡Pero si está rico!!

- Argh.

Déja vu

Sábado, Noviembre 4th, 2006

Apenas había llegado al trabajo cuando la directora me sonrió diciendo:

- Mira que regalito nos han traído los de la Dirección General. Una fantástica carpeta con material para trabajar los “derechos de los niños” en ocasión del 20 de noviembre. Pensé, ¿a quién puedo dejársela? Y mira, qué mejor que el encapuchado naranja…

No dejaba de sonreir. Y la carpeta era muy gruesa. Empecé a ojearla y vi una introducción que decía:

Estimado director/a: [...]

Era mi última oportunidad de desembarazarme de aquello.

- Oh, lo siento. O me ofreces un aumento o no me podré leer esto, creo que es para ti. – Sonrisa vengativa.

- Pero si te va a encantar, incluso dice que si les avisan con tiempo podrán ir al Parlamento…

- ¿Y no viene otra carpeta que hable sobre los deberes de los niños?

Como única respuesta recibí otra sonrisa mientras desaparecía deseándonos a todos un feliz fin de semana.

Poco después llegó nuestra incansable alumna de prácticas de Integración Social. En cuanto la vi la saludé con una gran sonrisa y le dije:

- Patricia, ¿sabes qué nos acaba de llegar hoy? Un montón de material interesantísimo sobre los derechos de los niños, ¿quieres echarle un vistazo?

A ella le pareció estupendo y se enfrascó inmediatamente en la lectura así que pude volver a mi rutina de trabajo: prepara el bocata de Hassam y vete a buscarlo al cole, para llevarlo a la clase técnica de fútbol sala, comprar la mortadela “halal” en la carnicería musulmana, tomate y embutido para el fin de semana, recoger de nuevo a Hassam, llevarlo a la actividad de internet con el resto y volver al centro.

Una vez allí, mientras aprovechaba para dejar escrita a los compañeros de fin de semana la cuadrilla-resumen de la semana, Patricia, que acababa de ojear todo aquel material, empezó a darme ideas de actividades y talleres que podrían hacerse. Uno por uno les fui buscando los puntos débiles, las dificultades que tendríamos, lo complicado que sería desarrollarlos con el perfil de chicos del centro… Fue entonces cuando me lanzó un dardo envenenado de sinceridad:

- Es que las actividades que hacen siempre son las mismas y se podrían hacer cosas muy diferentes con ellos, por ejemplo…

Touché. Déja vu. Vuelve 5 años atrás, piensa en tus prácticas en un centro de menores inmigrantes, criticando EXACTAMENTE lo mismo del equipo de educadores, volcado en el día a día del centro, salvando los platos sin plantear actividades originales e imaginativas que hacer con los chicos. Aquel alumno de prácticas, jurando que no se acomodaría nunca como uno de aquellos educadores. Mírate ahora. ¿Qué estás haciendo?

Patricia, gracias por abrirme los ojos. Debo obligarme a salir de la vorágine de lo cotidiano y plantear una parte de mi trabajo más creativa, aquella donde juegan las armas de la animación sociocultural. Ya te dije que no es fácil, y que las características de los chicos nos complican mucho salir de lo acostumbrado, pero es verdad que ese es un problema que tiene más que ver con nuestras limitaciones como educadores que con las suyas.

Para sentirme comprometido lo dejo por escrito, y prometo seguir escribiendo con las nuevas ideas que vayan surgiendo y pongamos en práctica. Para salir del día a día, innovar y no hacer exclusivamente lo que se nos exige y se espera de nosotros, que desgraciadamente es mucho menos de lo que realmente somos capaces de hacer.

Yo me broto, tú me brotas…

Martes, Octubre 17th, 2006

El otro día me comentaba un compañero de trabajo la facilidad y frivolidad con que utilizamos este verbo cuando nos referimos a los menores. Él me decía algo así como: “Quien ha escrito esto de que X se brotó no ha visto en su vida un brote psicótico”.

Quizás no hacemos un uso correcto del verbo pero lo cierto es que lo utilizamos de forma cotidiana para definir los momentos en que uno de los chicos pierde el control y se comporta de modo agresivo, violento, sin importarle la consecuencia de sus actos. Por desgracia, es algo bastante habitual, y no responde siempre a un problema psicológico, sino de conducta. En muchos casos es un medio para adquirir un fin (atención, negociación-chantaje, etc.) o una vía de escape a la frustración, a no saber recibir un “no” por respuesta.

En estas ocasiones solemos decir que “Manolito se brotó”: empezó a insultar, a golpear cosas, a encararse con los educadores o amenazarnos con autolesionarse o pegarnos. La causa pudo ser algo tan sencillo como un “no, no puedes fumar ahora” o bien “hoy sales media hora más tarde de permiso porque ayer llegaste tarde”. Evidentemente, estas cosas pueden ser simplemente la punta del iceberg de todas las frustraciones que se encuentran en el interior del chico.

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Borja Returns

Sábado, Septiembre 30th, 2006

- Dame un abrazo.

111 kilos de Borja se interponen entre la puerta de su habitación y yo.

- Borja, no te mereces un abrazo.

Ya llevo la mochila a la espalda y unas ganas enormes de irme a casa. Como casi cada noche salgo bastante más tarde de lo que me toca.

- ¿Por qué? Venga ya, dame un abrazo.

Me viene a la mente que uno de los motivos por los que Borja no se merece un abrazo es porque no quiso ducharse después de llegar sudoroso al centro tras la actividad.

- No, los abrazos hay que ganárselos y no se pueden exigir. Me tengo que ir.

111 kilos de Borja se interponen, más que nunca, entre la puerta de su habitación y yo. “¿Por qué tengo la manía de despedirme de ellos uno por uno antes de irme a casa?”

- Pues no te voy a dejar salir hasta que no me des un abrazo.

“¿Bromea?”

- Venga, Borja, hasta mañana.

- No, en serio, no vas a salir. Dame un abrazo.

“Mierda. ¿Esto no es chantaje?”

- Borja, después de todo lo que has hecho hoy no voy a darte un abrazo.

“La lió durante la comida, la lió en la actividad, la lió con la ducha, la lió a la hora de la medicación…”

- Pues no sales.

Podría decirle “A ti te van los tíos, ¿verdad Borja?” y se apartaría enseguida, pero sería MUY homófobo y aunque ahora me cueste debo mantener mis principios…

- Ehhh… Borja va, no te has duchado, paso de darte un abrazo.

“Mejor voy buscando otra forma de salir de aquí. ¿Es ético que un niño de 14 años pese y mida el doble que yo?”

- Da igual. No sales. Dame un abrazo.

“Mierda, esto es chantaje, no debo aceptar un chantaje, pero… ¿cuándo volveré a tener ocasión de solucionar un problema con tan sólo un abrazo?”

- Venga, dame un abrazo.

Borja ríe satisfecho y acabo sumergido entre sus enormes brazos y su pecho. Su risa estúpida y sincera es contagiosa. Su sudor pegajoso. Me viene a la cabeza la escena de una gran película.

- Bueno, Borja, buenas noches.

“Al fin, vuelvo a casa. Desde luego, ¿cómo puedo ser tan cabrón? Este chico ha tenido una infancia terrible, está aquí con mil problemas, sin recibir afecto de nadie y yo le regateo un simple abrazo.”

- Jejeje. Bueno, ahora follamos, ¿no?

“Argh”

Firma del padre / madre / tutor

Lunes, Septiembre 18th, 2006

Hasta ahora, con diferencia, uno de los aspectos que más estoy disfrutando del trabajo es el de la tutorización. Soy tutor de dos chicos, de sendos países africanos, nacidos en el extranjero pero que han crecido en España. Hablan perfectamente castellano y catalán, son espabilados y ya saben descargarse música en internet con mucha más facilidad que yo. Ambos tienen familia en Barcelona, pero por diferentes motivos están en nuestro centro.

En los últimos meses hemos conseguido que nuestra relación se vaya afianzando, y con las inevitables luchas y desencuentros de la adolescencia el vínculo no hace sino reforzarse. Es un trabajo lento, sin avances significativos de un día a otro, pero con el paso de las semanas va dando sus frutos. Las recompensas vienen en forma de pequeños detalles que cuando los cuentas parecen absurdos, pero que tienen un gran significado para ti. Por ejemplo, el día en que espontáneamente te cuentan algo importante para ellos, o que solicitan tu ayuda para algún asunto que no sólo les preocupa, sino que también les avergüenza. A veces olvido incluso cuán importantes llegamos a ser como figuras de referencia y modelo, y te sorprenden con detalles que te recuerdan a ti mismo o se burlan cariñosamente de tu forma de decirles las cosas. Otras veces, claro, querrías matarlos, y te sacan de quicio, porque vaya piezas… Pero de todos modos llegas a casa y si tu coraza contra la excesiva involucración en los problemas con que tratas a diario funciona, puedes conseguir recordar sólo aquellos pequeños maravillosos detalles.

Pero ha sido con la “vuelta al cole” que se ha materializado en su forma más concreta mi trabajo como tutor. Un sentimiento de paternidad precoz me ha alcanzado fulminante como un rayo en el momento en que las compras de los libros de texto, las autorizaciones para las actividades extraescolares o los justificantes por ir al médico se han hecho necesarios. En mi agenda, marcada al fuego, aparece mi primera reunión de padres, teniendo en cuenta que hablamos de 6º de Primaria quizás desentone un poco en el ambiente general, sin duda ese día dará para un nuevo post.

Mientras tanto, sigo subrayando en los justificantes aquella palabra siempre presente, pese a que nunca antes me fijé en ella y que cuando era niño tuve la suerte de no necesitar aprender su significado real.

Firma del padre / madre / tutor/a

Nada como sentirse escuchado

Domingo, Agosto 27th, 2006

- ¿Puedo fumarme un cigarrillo?

- No.

- ¿Por qué no?

- Porque no te has desayunado aún, porque no es hora de fumar, porque no te has levantado cuando tenías que hacerlo y porque ahora tenemos que hablar contigo.

- Joder, ¡yo quiero bajar a fumar!

- A ver, Borja, ¿qué hora es?

- Las 11.

- ¿Sabes desde qué hora estamos intentando que te levantes?

Borja se encoge de hombros.

- Desde las 9.

- ¡Pero es que estoy cansado!

- Ya lo sabemos, pero has dormido 12 horas y tienes que cumplir con los horarios del centro. ¿O quieres volver a llevar la vida que llevabas cuando no estabas aquí?

- ¡Si tú te tomaras todas las pastillas que me tomo yo ya verías! ¡Quiero fumarme un cigarrillo!

- Ya sabemos que tomas todo eso y por eso te levantamos poco a poco, te damos tiempo y somos pacientes, pero no puede ser que te levantes a esta hora.

- ¡Es que estoy cansado!

- Sí, pero tienes que hacer un esfuerzo porque has dormido suficientes horas y si sigues durmiendo tanto y con las pastillas te vas a convertir en un zombie, ¿tú quieres eso?

- No… ¿Puedo fumar?

- No, después de lo de hoy no vamos a darte privilegios. Tienes que asegurarnos que vas a hacer un esfuerzo por levantarte antes, poco a poco, sin prisas, pero levantarte con el resto y hacer las actividades como hacen todos.

- Vale.

- ¿Tenemos tu compromiso?

- Sí.

- ¿Entiendes por qué hacemos esto?

- Sí.

- ¿Seguro?

- Sí.

- Perfecto, pues recoge tu cuarto, aséate y a desayunar.

- ¿Puedo bajar ya a fumar?

- … (suspiro).