Día 3. Roma
Viernes, Junio 16th, 2006Por la mañana dejé a la gente durmiendo y me fui a dar un paseo por el Esquilino, el barrio dónde nos estamos quedando, en el que el año pasado hice un trabajo de campo estudiando las relaciones entre las diferentes comunidades que viven allí (y que de vez en cuando conviven): chinos, pakistaníes, bengalís, indios e italianos en su mayoría. Todo seguía para bien o para mal, igual, la Casa Pound ondeando su bandera tricolor desafiando al medio, algo que siempre me llamó la atención. Me explico, es un edificio ocupado por jóvenes de extrema-derecha en el corazón de uno de los barrios con mayor inmigración. Hacen bastante propaganda racista-xenófoba, anti-imperialista y anti-comunista al tiempo que defienden ideas de corte social… pero sólo para los italianos, claro. Paseé un rato junto a las tiendas de chinos en cada esquina, los restaurantes indios, las tiendas de bisutería, las de cine de Bolliwood grabado en cintas vírgenes, etc. hasta que encontré un bar abierto que me vendió unos panecillos y regresé a casa para hacer unos buenos bocatas de chorizo con tomate.
Aproveché el día para hacer visitas, primero me dirigí a mi antiguo piso en Piazza Bologna a dar una sorpresa a las compañeras de piso que aún viven allí. La sensación es al tiempo familiar y extraña. Seguir un camino mil veces recorrido, fijarme en las portadas de Il Manifesto o La Reppublica del kiosco habitual, pasar de nuevo junto al cuartel de la Guardia de Finanza y devolver, como siempre, la mirada fija al tipo de la ametralladora frente a la puerta de casa… una especie de rebeldía absurda que adopté desde que empezaron a molestarme cuando me paraba un rato delante de su cuartel y me pedían explicaciones de qué hacía allí. “Abito qui, dai…â€.
En fin, el caso es que llegué al piso y me llevé la consiguiente bronca por venir sin avisar y encontrármelas en pijama, pecado mortal para una italiana. Tuve ocasión de observar los cambios introducidos en el piso por el bailarín boloñés que me sustituyó, entre ellos uno que tuvo que cambiar sensiblemente la calidad de vida del piso: una cortina para la bañera. Al rato llegó mi adorable vecina, dueña de dos perros y cuatro gatos que fue la que me permitió las idas y venidas a su casa con el portátil para conectarme con el mundo… Prometiendo que nos veríamos por la noche en San Lorenzo nos despedimos y seguí la ruta hacia el norte de la ciudad, esquivando las nuevas obras de la ampliación del metro, hacia el piso de Diana, una vieja amiga que conocí en Salamanca cuando ella hacía el erasmus y yo una séneca allí. Nos pusimos al día de nuestras vidas antes de que llegara Cecilia, hermana de otro antiguo erasmus romano-salmantino y nos embarcáramos en su Twingo rumbo a San Lorenzo, barrio muy obrero y estudiantil, un buen lugar para salir en Roma. Allí nos reunimos con Tià y Llorenç que habían estado de turismo (Llorenç no había venido nunca a Roma) para cenar en el centro social “Il 32†un buen plato de pasta y otro de verduras por menos de 5 euros. Los centros sociales en Roma, y en Italia en general vienen a ser centros a veces ocupados, otras no, que funcionan a través de la autogestión, organizan actividades, conciertos, talleres, teatro, etc. y suelen participar activamente en la vida del barrio, implicarse, etc. Suelen tener comida y bebida a buen precio. A quien visite Roma un par de noches le recomiendo encarecidamente visitar “Villaggio Globaleâ€. Mientras cenábamos nos enteramos de un rumor según el cual un famoso cantautor italiano (Vinizio Capposela) actuaría de sorpresa en un centro social cercano al Coliseo llamado Angelo Mai, al que le habían dado un ultimátum para esa misma noche para desocuparlo. De nuevo la Twingo (en Italia el coche, es decir, la machina es femenina ;)) recorría las colinas romanas y ponía rumbo hacia allá. Al llegar me asombré al entrar en un antiguo instituto abandonado en pleno centro de Roma que no había visto nunca, ahora ocupado y re-abierto a la ciudad reclamando:
“Porque hemos llevado el arte al centro de la ciudad y al centro del discurso. Porque en un año y medio aquí ha tomado vida el laboratorio cultural más activo de la ciudad. Porque en el Angelo Mai se está bien. Porque el Ayuntamiento nos pide que nos vayamos antes del 30 de Abril. Nosotros esperamos al 1 de mayo.â€
Allí estábamos, en el patio del instituto, riendo y tomando unas cervezas, con un montón de gente que parecía que habían escuchado el mismo rumor que nosotros, cuando se nos unió Alessandra. Ella es la tercera y última ex-erasmus salmantina y nos puso al día sobre las penurias de los recién licenciados italianos y la explotación en “prácticas no pagadas†a la que se ven sometidos como único medio para coger algo de experiencia y curriculum (el 80% de mis amigos italianos que terminaron su carrera en los últimos años está trabajando gratis para alguien). En esas estábamos cuando ocurrió uno de esos momentos de “uno en un millónâ€, delante de mi, entre los centenares de personas que habían allí, se paran Annika y Anna, una amiga alemana y otra suiza que hicieron el erasmus con nosotros y que no teníamos ni idea que habían venido para el 1 de Mayo. Gritos, saltos, celebraciones, gente alrededor que no entiende nada y nosotros pensando que Roma es bastante grande como para coincidencias así… También me encontré con Michela, una implicadísima blogger italiana que conocí en un vuelo Barcelona-Tenerife cuando ella venía de vacaciones hace unos meses y que llevé a conocer la fiesta de La Laguna… Muchas emociones, muchos reencuentros, y Capposela que no llegó (según nos contaron) hasta las cuatro de la mañana, cuando ya todos nos habíamos batido en retirada… Ceci con su Twingo la primera, así que ya estábamos echando memoria a ver dónde coger el nocturno cuando una amiga de Annika se ofreció a llevarnos… Bendita tedesca…
