Artículos de la categoría 'viajes'

Día 11. Atenas.

Domingo, Agosto 20th, 2006

Esta vez elegimos mejor el lugar dónde desayunarnos. Se trata de un tipo de cafetería bastante típica en Atenas que muestra en una vitrina todos los ingredientes con los que te puedes hacer un bocadillo y tú eliges. Señalando y con muchos paracaló, paracaló (por favor) uno consigue más o menos comerse lo que quiere. Para beber, un Nescafé en vaso de plástico grande que te preparan en una batidora, preguntándote antes la cantidad de azúcar que quieres (el expreso a parte de estar por las nubes no se ve demasiado en Grecia).

Bajo un solajero impresionante (como diría Manolo Viera, humorista canarión: sol constante e intenso) con valentía y decisión nos dio por subir hasta el Monte Licabeto. A mayor altura que la Acrópolis, desde allí las vistas de Atenas y el Egeo son aún más impresionantes. Eso y todo pese a la nube radiactiva de polución que nos hizo pensar que si un pulmón ya nos lo habíamos dejado en la subida, al otro no le quedaría mucho de vida si nos quedáramos mucho más tiempo en la ciudad.

Vuelta a Europa en 40 días-71

La Acrópolis desde el Monte Licabeto

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Día 10. Atenas

Miércoles, Agosto 16th, 2006

Pese a la resaca pertinente decidimos despertarnos relativamente temprano y aprovechar el soleado domingo. Ya llevábamos unos cuantos días en Atenas y era hora de empezar a descubrir sus secretos arqueológicos. Tras un desafortunado desayuno (cosas del idioma) de un souvlaki (pincho de carne) y una ensalada de queso que resultó ser picantísima, iniciamos el ascenso a la colina de la Acrópolis en la que se alza, magnífico, el Partenón.

Vuelta a Europa en 40 días-66

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Día 9. Atenas.

Viernes, Agosto 11th, 2006

Después de dormir 10 maravillosas horas nos levantamos con la agradable sorpresa de que uno de los griegos había comprado una especie de empanadillas para el “desayuno”. Intentamos ser simpáticos, pero entre otros problemas de comunicación cada vez que preguntábamos a alguien su nombre nos respondían con algo impronunciable de al menos tres sílabas.

Así que nos preparamos y salimos al centro de Atenas, dónde se celebraba la manifestación reivindicativa del Forum. Otra vez habíamos perdido la oportunidad de participar en alguno de los talleres de la mañana, está claro que no termina de ser del todo compatible el tema de los conciertos y las mesas redondas. O se va de fiesta al forum o se va a trabajar, lo que me dejó un decepcionante sabor de boca sobre mi participación en él.

La manifestación fue multitudinaria y en principio bastante animada. Tanto que a nuestra llegada una de las primeras cosas que pudimos ver fue cómo dos partidos comunistas se liaban a mamporros por hacerse con el lugar deseado dentro de la marcha. No es que fuera la nota predominante, pero sí que una de nuestras amigas nos comentó que no era demasiado extraño que se llegara a las manos en asambleas universitarias, discusiones políticas, etc. “Grecia es así”, vaya.

Vuelta a Europa en 40 días-42

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Día 8. Mar Jónico - Patras - Atenas

Viernes, Julio 14th, 2006

Me desperté con la dulzura característica de los informativos griegos a todo volumen. En cierto modo el idioma suena bastante familiar, llego a reconocer los sonidos y las sílabas marcadas, casi podría hasta escribir las palabras que pronuncian aunque no tenga la menor idea de lo que significan. Hablan de la guerra de Irak y muestran algún que otro número entre un montón de alfas, omegas y pis de esas que me traen recuerdos de COU y los problemas de Física.

Tià, para variar, duerme como un angelito. Los de Salerno están remoloneando acostados pero despiertos acordándose de los muertos del que encendió la tele, y las inglesas están sentadas muy dignamente disfrutando del maravilloso descanso que supone haberse levantado antes que la Horda. Hay dos francesas que tampoco se sabe bien de dónde han salido, sé que son francesas porque tienen cara de francesas y cuando paso al lado de camino al baño consigo leer la portada de un libro barato de hojas marrones que dice algo como “L’amour du Lulú”. Suena apasionante, ojalá lo editen pronto en España.

Tras un baño checo en los servicios del ferry me uno a los italianos que están charlando sobre el libro de Dostoevskij que lee Matteo, sorprendentemente lúcidos a estas horas de la mañana. Me cuentan que son la retaguardia de un grupo de Giovani Comunisti que salieron el día anterior para el Forum de Atenas, pero que ellos llegaron tarde. Me regalan unas pegatinas con la consigna “Legalizzare quelle leggere” (legalizar las [drogas] blandas) de Rifondazione Comunista, mientras me desayuno el pan que nos agenciamos la noche anterior en el buffet con nutella. Otro síntoma de que ya no estoy en Italia es la triste calidad del capuccino del bar.

Tras dejar atrás las islas griegas del Mar Jónico llegamos al fin a Patras. Desde la cubierta podemos ver el puerto y las calles cercanas, de las que me llama la antención sus carteles en griego. Junto con los jóvenes comunistas intentamos convencer a los profesores de la Horda de las bondades de llevar hasta Atenas, junto a sus hormonados alumnos, a estos cinco humildes viajeros. A una profesora le caemos simpáticos (con cierta nostalgia del ’68) e intenta hacernos hueco en una de las guaguas, pero se encuentra una feroz oposición en el resto del claustro que saca a relucir problemas con el seguro, la falta de espacio, el sexo de los ángeles y posiblemente también que los comunistas se comen a los niños y que a saber cuándo fue la última vez que nos bañamos. Bueno, al menos lo intentamos.

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Día 7. Lecce – Brindisi – Mar Jónico

Lunes, Junio 26th, 2006

Hoy nuestro intrépido Llorenç dejaba el grupo para largarse solo a Nápoles y luego a Roma, desde dónde regresaría a España así que dejamos el apartamento y nos fuimos a acompañarle a la estación. Hicimos cuentas con nuestro fondo común, posteriormente llamado fondo sin fondo, el devorador voraz de nuestros ahorros y le despedimos. No sin cierto remordimiento de conciencia, dejándole enfrentarse sólo y sin saber italiano a la inefable Nápoles.

Tià y yo pasamos una mañana bastante aburrida por Lecce, lamentando no habernos ahorrado la experiencia de Gagliano del Capo y haber cogido el barco el día anterior, ya que salía por la tarde y no nos quedaba nada por ver en Lecce.

Así que pensamos que podríamos ir ya a Brindisi y dar una vuelta por la ciudad antes de coger el ferry. Craso error. Nada más bajarnos de la estación empezó a llover a cántaros, y tuvimos que armarnos de nuestros chubasqueros mientras buscábamos algo parecido a un puerto en el que hubiera barcos y ese tipo de cosas. Eran las primeras horas de la tarde y la ciudad estaba desierta, empezamos a bajar por lo que parecía la calle principal y llegado un momento decidimos pararnos para ir a investigar sin la mochila si había algo abierto, que había hambre y teníamos embutidos, pero no pan.

Europa en 40 días-95

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Servicio de Voluntariado Europeo

Miércoles, Junio 21st, 2006

Si algo ha demostrado la Unión Europea desde hace mucho tiempo es que no ha sabido ser una institución cercana a la gente. Al mismo tiempo, la gente no sabe cómo acercarse a ella, o cuando lo intentan, no pueden. Yo, por ejemplo, no pude votar en el referendum de la Constitución Europea precisamente por estar realizando un programa europeo, el Erasmus.

Personalmente, encuentro muchísimos aspectos criticables de la Unión Europea, especialmente en materia económica, pero esto no quita que no se le puedan aplaudir muchas de sus iniciativas. Pese a la deriva economicista de la UE aún hay bastantes personas que creen que esto debería ir más allá de lo estrictamente económico e impulsan programas que están consiguiendo algo realmente difícil: crear redes no sólo entre las instituciones de los países miembros, sino entre los propios ciudadanos, pese a la enorme diversidad del continente.

El problema es que estas iniciativas cuentan con bastante poca publicidad y muy pocas personas se enteran de su existencia. Hace poco me quedé con las ganas de participar en una de ellas: el Servicio de Voluntariado Europeo. Se trata de un programa para jóvenes que da la posibilidad de realizar un trabajo voluntario en cualquier país de la Unión Europea y algunos vecinos (países de la ex-Yugoslavia, Ucrania, Turquía, etc.) durante un mínimo de seis meses y un máximo de 12. Todos los gastos del voluntario están cubiertos: vivienda, alimentación, billetes de avión, transporte en el país de acogida, etc.

Los únicos requisitos para acceder a este programa son tener entre 18 y 25 años y ser residente en un estado de la Unión Europea. Es muy posible, sin embargo, que a partir del próximo año amplíen la edad máxima hasta los 30 años. También necesitas una organización de envío que será la que se pondrá en contacto con la organización de acogida para tramitar todo el papeleo. En el caso de Canarias de este asunto se ocupa la Fundación Ideo, aunque en los puntos de información juvenil de cada comunidad deberían informar al respecto.

Hay una base de datos (en inglés) con todos los proyectos aprobados por la Unión Europea a los que se pueden presentar solicitudes. Permite hacer búsquedas específicas por país, ciudad, tipo de proyecto, etc. Los proyectos están muy detallados, explicando la función a realizar por el voluntario y aportando información sobre horarios semanales (nunca más de 30 horas semanales de trabajo), la localidad y la organización de acogida , dónde viviría el voluntario, etc.

Por la paciencia necesaria para rellenar un par de impresos y esperar las respuestas de las organizaciones de acogida tienes a cambio la oportunidad de viajar, conocer otra cultura, otro idioma y otro país haciendo una importante labor social. El dinero, al menos esta vez, no es un problema.

Día 6. Lecce – Otranto – Gagliano del Capo

Lunes, Junio 19th, 2006

Teníamos idea de quedarnos dos días en Puglia y salir el tercero hacia Grecia, así que decidimos quedarnos otro día más en Lecce como campamento base y seguir con nuestras excursiones por el Salento. Así que nos fuimos con los amiguetes de Ferrovie del Sud Est hacia Otranto, haciendo trasbordo en Maglie, centro neurálgico de la península, como el día anterior. Sorprendentemente esta gente era de puntualidad alemana y uno podía organizarse perfectamente con los horarios que daban en la estación.
Europa en 40 días-74

Así eran los trenecitos de la FSE

Otranto es el puerto más oriental de Italia y destaca por su impresionante bastión aragonés, las callejuelas empinadas, los ruidosos grupos de escolares que fagocitan la tranquilidad que se le debe suponer en su ausencia y las bellas y voluptuosas “profesorese” que los acompañan.

Vuelta a Europa en 40 días-23

Otranto

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Día 5. Segunda Parte. Lecce - Gallipoli

Domingo, Junio 18th, 2006

Bien entrada la mañana llegábamos a Lecce y nos pedimos un capuccino en un bar al lado de la estación mientras sacábamos tomates, pan, lomo ibérico y la navaja suiza para hacernos unos bocatas reconstituyentes ante la mirada atónita de los parroquianos. Tras un baño checo en el lavabo y el maravilloso desayuno nos pusimos en marcha en busca de un bed and breakfast. Encontramos uno muy cerca del centro que aunque no era caro era un lujazo: un apartamento en un antiguo palacio reformado llevado por una gente simpatiquísima. Dejamos los bártulos y nos fuimos a pasear por la ciudad. Vimos la pedazo de plaza del Duomo, y empezamos a vagabundear por las callejuelas, encontrando cosas tan autobiográficas como esta:

Vuelta a Europa en 40 días-11

Visitamos la Piazza Sant’Oronzo, en la que se pueden apreciar simpáticos contrastes de ruinas romanas con arquitectura fascista. Allí nos cogió una inexplicable lluvia tropical que nos tuvo bajo una carpa en medio de la plaza cerca de media hora en compañía de un grupo de adolescentes italianos que acosaban a un grupo de adolescentes alemanas. Un clásico.

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Día 5. Primera parte. Roma - Lecce

Viernes, Junio 16th, 2006

El tren seguía allí. No se había ido. Imaginando que la cosa iba a estar bastante difícil para conseguir sitio nos fuimos directamente a los últimos vagones, a ver si aún había algo que rascar. En los que la gente directamente no había cerrado las puertas y se había echado a dormir no había nunca sitio, y si lo había, no como para meternos nosotros tres. Ya nos estábamos haciendo a la idea de dormir cada uno en un compartimento diferente cuando sorprendentemente vemos uno con cuatro sitios libres.

“¿Están ocupados?” El gesto de los dos tíos que estaban sentados allí indicaba algo así como “No, pero preferiríamos que tres españoles sudorosos que llevan toda la tarde en un concierto se buscaran otro sitio, preferiblemente en la otra punta del tren”. Mi sentido común me dijo que sería interesante comprobar si no había otra alternativa, pero Llorenç y Tià se quedaron, por si acaso, haciendo guardia frente al compartimento. Tras el inevitable fracaso de mi expedición, sonreímos de oreja a oreja, metimos las mochilas y pudimos observar a los dos tipos. Treinta y pico años, cara de “la vida me ha tratado mal, así que no me toques mucho los cojones o aquí se lía”. Pero vamos, suerte que había un fumador entre nosotros y uno de ellos rompió el hielo al pedirnos un cigarrillo. Con la rapidez de Llorenç para ofrecérselo conseguimos relajar el ambiente y crear cierta complicidad frente al enemigo quinceañero gritón de los pasillos que iba creciendo en número e intensidad. Nada como un enemigo externo para salvar los platos en casa.

Al rato salí al pasillo a ver el ambiente, y vi cómo los últimos en llegar ya se estaban acomodando en los asientos del pasillo, vaya… El tren iba petado con gente que no iba a poder dormir y eso prometía una noche muy muy larga. Llorenç se asomó a la ventanilla a fumar un cigarro con la mala suerte de que unos tíos uniformados que estaban por fuera del tren le tiran una bronca y lo hacen bajarse al andén, mientras una tía, también castigada, pregunta por el retraso del tren. El simpático señor de divisa le suelta que eso no le excusa de fumar y bla, bla, bla, y cuando se queda a gusto le contesta: mínimo cuarenta minutos. Manda huevos, va a ser aún más largo de lo que pensábamos. Al subir de nuevo, Llorenç comenta sorprendido: “Joder, han puesto un revisor alemán en un tren italiano”.

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Día 4. “Primo Maggio” 2006. Roma

Viernes, Junio 16th, 2006

El día no podía comenzar mejor. Un sms de Diana nos invitaba a ir a comer a su piso y Cecilia, que se había encargado de la cocina se ofrecía a recogernos con la Twingo más intrépida de Roma. Nada más subirnos, cual perros de Paulov comenzamos a salivar ante el olor a ragú (lo que nosotros llamamos boloñesa) que se había adueñado del coche… Sin duda, algún día Cecilia se convertirá en una “vera mamma italiana”. Este país aún no está del todo perdido.

Llegamos a casa de Diana, a su “pequeño” ático sin T.V. pero con una terraza desde la que se podían ver los edificios colindantes, de tipo fascista, con sus inscripciones similares a nuestro característico yugo con las flechas. “Segundo Imperio” y todas las megalomanías habituales de Mussolini y adeptos (gran mérito, la expoliación de Somalia, Eritrea y Etiopía…). Vegetamos un poco al sol mientras Alessandra, Diana y Cecilia se turnaban en la cocina, en charlar con nosotros y en repetirnos mil veces que ni se nos ocurriera intentar echarles una mano, como mucho abrir el vino. Un rato después, llegó la exquisita pasta al ragú recién horneada, acompañada de ensalada (que los italianos suelen tomar después) y una macedonia de frutas de postre. Posiblemente este fue el primer momento del viaje en que se me escapó la expresión que luego se convirtió en coletilla: “Estamos como queremos…”.


Alessandra, Cecilia, Diana, Llorenç y Tià

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