Pero no sólo me he dedicado a mirar a través de mis ventanas… Pude flipar con las niñas, jóvenes y mujeres de mantilla y peineta negra de riguroso luto que el Jueves Santo paseaban dignamente rumbo a las mil y una iglesias de Sevilla. Por la Feria me deleité a partes iguales con la frescura del rebujito, el arte de las mujeres que se visten de gitana para la ocasión y la amabilidad de alguno de mis anfitriones para conseguir entrar en las casetas privadas y vivir con intensidad el espíritu de la fiesta.
Día sí, día también el Sevilla celebra algún triunfo y media ciudad vibra y toca pitas a mansalva al tiempo que la otra mitad aguanta el tipo como puede en la tertulia del desayuno (manque pierda). Desayuno de tostá con aceite y tomate, que no falte. Por cierto, el Sevilla acaba de ganar la UEFA, esta noche será difícil conciliar el sueño.
Disfruto de los carriles bici que comienzan a aparecer por toda la ciudad, aunque intento no ser muy talibán con las viejitas, pese a que los ciclistas hemos entrado en directa competición con los taxistas a ver quién tiene más “mala follá” y se cree más dueño de su parcela de asfalto.
No es raro ir por la calle y escuchar a alguien cantando, a viva voz, con alegría y desparpajo, por el simple placer de cantar. Es algo que siempre me arranca una sonrisa y que me hace pensar en lo diferente que es esta ciudad de Barcelona en tantos aspectos.
Huí un fin de semana a Granada, y me quedé prendado de aquella ciudad, o quizás de los recuerdos que me trajo de aquel año “que viví peligrosamente” en Salamanca. Sea como fuere, me costó mucho el retorno a la Sevilla castiza, folklórica y aristocrática tras la experiencia multicultural granaína.
Al regreso vine convencido de que quiero comprarme una furgo de segunda mano, y conocer Andalucía, Portugal, y lo que haga falta. Se aceptan ofertas, consejos y donaciones a fondo perdido.
He visto a Kiko Veneno, al friky de “cuñao”, a uno de los Morancos y a un húngaro muy simpático con el que estuve hablando de bicis una hora. ¿Y qué tiene que ver el húngaro con los otros tres? Pues nada, pero el encuentro fue mucho más interesante.
Acabo de darme un paseo por la Alameda de Hércules, y he vivido en 15 minutos 3 topicazos de España: toros, flamenco y sevillanas, en una fiesta popular de alguna asociación de vecinos del barrio. Mientras sonaba “Sevilla tiene una cosa, que sólo tiene Sevilla” al ritmo de las castañuelas, una neozelandesa con acento mexicano me preguntó qué era aquello y por un momento me pareció qué yo estaba tan perdido como ella. No se me ocurrió otra cosa que decirle: “Pues Sevilla, niña, Sevilla”.