Apenas había llegado al trabajo cuando la directora me sonrió diciendo:
- Mira que regalito nos han traído los de la Dirección General. Una fantástica carpeta con material para trabajar los “derechos de los niños” en ocasión del 20 de noviembre. Pensé, ¿a quién puedo dejársela? Y mira, qué mejor que el encapuchado naranja…
No dejaba de sonreir. Y la carpeta era muy gruesa. Empecé a ojearla y vi una introducción que decía:
Estimado director/a: [...]
Era mi última oportunidad de desembarazarme de aquello.
- Oh, lo siento. O me ofreces un aumento o no me podré leer esto, creo que es para ti. – Sonrisa vengativa.
- Pero si te va a encantar, incluso dice que si les avisan con tiempo podrán ir al Parlamento…
- ¿Y no viene otra carpeta que hable sobre los deberes de los niños?
Como única respuesta recibí otra sonrisa mientras desaparecía deseándonos a todos un feliz fin de semana.
Poco después llegó nuestra incansable alumna de prácticas de Integración Social. En cuanto la vi la saludé con una gran sonrisa y le dije:
- Patricia, ¿sabes qué nos acaba de llegar hoy? Un montón de material interesantísimo sobre los derechos de los niños, ¿quieres echarle un vistazo?
A ella le pareció estupendo y se enfrascó inmediatamente en la lectura así que pude volver a mi rutina de trabajo: prepara el bocata de Hassam y vete a buscarlo al cole, para llevarlo a la clase técnica de fútbol sala, comprar la mortadela “halal” en la carnicería musulmana, tomate y embutido para el fin de semana, recoger de nuevo a Hassam, llevarlo a la actividad de internet con el resto y volver al centro.
Una vez allí, mientras aprovechaba para dejar escrita a los compañeros de fin de semana la cuadrilla-resumen de la semana, Patricia, que acababa de ojear todo aquel material, empezó a darme ideas de actividades y talleres que podrían hacerse. Uno por uno les fui buscando los puntos débiles, las dificultades que tendríamos, lo complicado que sería desarrollarlos con el perfil de chicos del centro… Fue entonces cuando me lanzó un dardo envenenado de sinceridad:
- Es que las actividades que hacen siempre son las mismas y se podrían hacer cosas muy diferentes con ellos, por ejemplo…
Touché. Déja vu. Vuelve 5 años atrás, piensa en tus prácticas en un centro de menores inmigrantes, criticando EXACTAMENTE lo mismo del equipo de educadores, volcado en el día a día del centro, salvando los platos sin plantear actividades originales e imaginativas que hacer con los chicos. Aquel alumno de prácticas, jurando que no se acomodaría nunca como uno de aquellos educadores. Mírate ahora. ¿Qué estás haciendo?
Patricia, gracias por abrirme los ojos. Debo obligarme a salir de la vorágine de lo cotidiano y plantear una parte de mi trabajo más creativa, aquella donde juegan las armas de la animación sociocultural. Ya te dije que no es fácil, y que las características de los chicos nos complican mucho salir de lo acostumbrado, pero es verdad que ese es un problema que tiene más que ver con nuestras limitaciones como educadores que con las suyas.
Para sentirme comprometido lo dejo por escrito, y prometo seguir escribiendo con las nuevas ideas que vayan surgiendo y pongamos en práctica. Para salir del día a día, innovar y no hacer exclusivamente lo que se nos exige y se espera de nosotros, que desgraciadamente es mucho menos de lo que realmente somos capaces de hacer.