No es raro que nos describamos muchas veces como “ciudadanos del mundo”. Resulta cómodo cuando a uno lo intentan encasillar en una patria que no siente como suya o cuando sencillamente jamás ha experimentado sentimiento de pertenencia a una. También cuando la vocación viajera y un privilegiado pasaporte europeo nos permiten cruzar fronteras, recorrer miles de kilómetros y disfrutar del esplendor de los rincones de este planeta.
Pero en este mundo no todos tienen derecho a disfrutar los beneficios de esta ciudadanía global. En muchos lugares de la Tierra ni siquiera se tiene derecho a una verdadera ciudadanía. ¿Quiénes son entonces los ciudadanos del mundo?
A mi entender son aquellos que comprenden que viven en un mundo globalizado, interconectado para lo bueno y para lo malo, un mundo lleno de oportunidades y amenazas. Quienes son conscientes de pertenecer a una única alianza de personas, la humanidad, cuyos miembros deberían gozar de los mismos derechos y oportunidades.
La ciudadanía del mundo comparte su preocupación por la situación de su entorno más cercano y la de aquellas personas que aún lejos padecen las peores formas de discriminación y desigualdad, económica y social. Aquellas personas que aún sienten que es posible el cambio, y que aunque no fuera posible, seguiría siendo necesario luchar por él. Quienes desde aquí, el Norte, tratan de hacer que su paso por el Mundo no suponga una hipoteca para los recursos del planeta, el medio ambiente y la vida de la ciudadanía del Sur. Quienes tras pasar mucho tiempo luchando por sus propios derechos ahora no renuncian a luchar por los de los demás.
También son quienes desde el Sur luchan por reclamar el fin del actual estado de las cosas, quienes hacen peligrar sus vidas por exigir un trato igual al de los afortunados que han heredado una tierra usurpada, violentada, reprimida.
Los ciudadanos del mundo, las ciudadanas del mundo están en todas partes, eran pocos, ahora cada vez más, y su voz, mucho más difícil de callar. Algunas de estas voces han decidido sonar al unísono el 26 de enero. Quizás muy cerca de tu casa.
Pero da igual si desafinamos, si cantamos a nuestro ritmo, otro día, cada día… Consumiendo responsablemente, denunciando las injusticias aquí y allá, multiplicando las voces, poniendo los acentos, incidiendo políticamente, asentando las bases, construyendo la Ciudadanía Global: el derecho a tener los mismos derechos y oportunidades.