Castigo físico vs. castigo institucional
¿Una decisión profesional puede ser correcta aunque esta vaya en perjuicio del menor?
¿Es correcto que un menor que ha sido maltratado regrese con sus padres aunque en ningún momento se haya reconocido dicho maltrato?
¿Es realmente una solución que un menor pase años viviendo en centros de menores para que no regrese a la casa de unos padres que utilizan el castigo físico pero que cubren sus necesidades materiales y afectivas?
Me explico: como profesional en su día defendí que Hassan, a quien tuve tutorizado casi seis meses, debía ir a un centro residencial de menores ya que aquello que motivó el ingreso no se había resuelto (el maltrato y la seguridad de que no volvería a ocurrir al negarse sus padres a asumirlo y permitir entonces un trabajo sobre modos alternativos de educar a sus hijos). En el mismo instante que defendí esa posición era consciente de que lo peor que le podíamos hacer a Hassan era “condenarlo” a vivir en centros de menores durante su adolescencia. Dicho de forma bien cruda y políticamente incorrecta en nuestro ámbito: para él será mejor que le castiguen físicamente de vez en cuando en un entorno bastante normalizado a que se lo hagan en un entorno institucionalizado.
Ayer Hassan me llamó muy feliz para decirme que volvía a casa antes de Reyes y que por tanto no podría despedirse de mi (regreso de las vacaciones el 10 de enero). Me alegré mucho por él, pero me dejó un sabor agridulce. Hassan vuelve a casa sintiéndose culpable de haber denunciado a su padre y haber separado a su familia durante medio año. En todo este tiempo no logramos hacerle entender que él era la víctima de la historia. Al regresar a casa, sin que los padres hayan asumido el maltrato, nada ha cambiado. Lo único, quizás, que podría haber producido algún cambio positivo sería el “escarmiento” judicial a los padres. Pero los niños vuelven más indefensos que antes, ya que ahora han aprendido la lección y tienen bien claro que denunciando a sus padres los primeros que han salido perdiendo son ellos.
No sé si alegrarme o no de que mi opinión profesional no fuera tenida en cuenta por quien tomó la última decisión… Pero en el fondo sé que Hassan volverá a casa y que allí podrá disfrutar de una adolescencia mucho más plena y tranquila que la que podemos ofrecerle en un centro de acogida.
Diciembre 31st, 2006 at 5:04
Seré duro:
Si la red social dificulta las garantías de conseguir un desarrolo óptimo para un menor ¿Se justifica que no asumamos su tutela? Hassan fue maltratado por su família, pero con ella las garantías son superiores a las que le podías ofrecer en el centro o en futuros centros… Pero Hassan tuvo algunas personas que trabajaron con él e hicieron cosas importantes. Su tutor (tú) descubrió aspectos a trabajar, guiar y modelar que ahora pueden quedar a su libre albedrío.
Una opción que nadie te ha dado habría sido continuar trabajando con Hasan y su familia, mediar como profesional, orientar al menor a sus mayores. Tu asesoramiento sería la mejor opción, una horas a la semana con la famíia y menor, aconsejando y educando.
Los servicios solciales fallan cuando plantean que un proceso ha finalizado al tomar la decisión final.
Enero 2nd, 2007 at 2:38
No me había parado a pensar en un trabajo posterior a la estancia en el centro. Eso, desde luego, no estaría nada mal, aunque es bastante incompatible con nuestras funciones. Se supone que los servicios sociales de zona (¿EFIs, EAIAs?) serán quienes ahora tengan que hacer un seguimiento de esa familia y trabajar con ellos. Material para empezar tienen más que suficiente con la síntesis que hemos elaborado desde el centro. Lo que pasa es que desconozco como trabajan estos recursos,
Noviembre 14th, 2007 at 6:59
[…] Quienes hemos trabajado en centros de menores hemos vivenciado más de una vez cómo se intenta dar una solución a la situación del menor con “antigripales”, es decir actuando sobre los síntomas, y no sobre la causa. Mientras se trabaja desde el centro con el menor, intentando acompañarle en el difícil camino de la buena convivencia con los compañeros, la escolarización, la madurez afectiva y psicológica, etc. en la mejor de las ocasiones tal vez se hace un mínimo seguimiento de la situación familiar desde el centro. Una familia que encarna los problemas de la situación del menor y que no olvidemos que en un 90% es de bajos recursos, vive en un barrio en que los servicios sociales están colapsados y desconoce gran parte de sus derechos. “No todas las comunidades autónomas proporcionan el mismo nivel de políticas y servicios sociales para los grupos más marginados de la población, en particular familias pobres, familias monoparentales, así como para niños gitanos y niños de familias inmigrantes”, censuraba a España, en 2002, el Comité de Derechos del Niño de la ONU. […] […]