Canarias por las personas

Como la llegada del invierno o la primavera, la cercanía de elecciones siempre se deja notar con pequeños detalles que van salpicando el paisaje urbano. En el caso de Canarias, dónde ahora disfruto del final de unas breves vacaciones, la llegada de las elecciones se notan en detalles tan pintorescos como el paseo de un candidato del PP por el olvidado barrio de Cuesta Piedra o las numerosas campañas institucionales de Cabildo y Gobierno.
Entre estas últimas me he encontrado con una que se repite en la portada de los periódicos digitales, cubre totalmente la parte trasera de bastantes guaguas y si viera más TV me habría encontrado varias veces con el spot publicitario. Curioso como en este anuncio, que hace gala de un patrio orgullo de nuestra canariedad, la voz en off arrastra las eses de forma exagerada en vez de tragárselas distraidamente como tan bien sabemos hacer los canarios.
De cualquier modo, lo vea uno en internet, en la tele, en las vallas que sobrevivieron al Delta o en las guaguas cada vez menos verdes de Santa Cruz (publicidad institucional mediante), el anuncio no nos dice nada. Salvo que somos personas.
Una lástima cuando el contenido de la campaña es más extenso, útil e interesante de lo que uno podría llegar a creer tras encontrarse con una campaña tan poco concreta. Se trata de una página web informativa sobre los diferentes servicios y prestaciones que ofrece el gobierno de Canarias a los ciudadanos, perdón, las personas. Se me ocurren mil formas mejores de promocionar un nuevo portal de información al ciudadano, pero claro, no serían tan electoralmente llamativas ni apelarían por enésima vez, y sin relación alguna, a “lo chachi que es ser canario” tan exprimido por Coalición Canaria.
Pero quien mejor ha expresado su exasperación con estas prácticas es mi hermano Quique (metalbee en gmail punto com), a quien le animo públicamente a que abra de una vez un blog para recoger todas sus perlas literarias y humorísticas:
1.
Uno de los grandes males asociados a la comunicación humana, es paradójicamente la capacidad de entendernos los unos a los otros. Digamos que esta capacidad es, normalmente, algo bueno. En ocasiones, necesario. En un puñado de momentos, imprescindible. Pero no hay gran don que no acarree alguna desventaja para quien la recibe. Si te dan poderes arácnidos, tendrás una gran responsabilidad con los inocentes; si apoyan tu candidatura las grandes corporaciones, prepárate a organizar unas cuantas guerras para asegurar la salud del mercado de armas; si puedes ver el futuro, seguramente a cambio te quedarás ciego.
Con el tema de la comunicación, la desventaja no es obvia al principio y durante muchos años uno podría pensar que todo va bien. Que este don sí que es útil y positivo. Pese al Mein Kampf, los guiones de Ana Obregón o al discurso navideño del rey. Hay pequeños males necesarios, pero pesa más o bueno que lo malo.
Hasta que un dia nos damos de bruces con el fenómeno de escuchar a alguien diciendo eso de “porque yo soy ante todo, persona”.
O “que aquí todos somos personas, antes que nada”
O “respetemos, que todos somos personas”
No quiero limitarles a una sola construcción. Porque ya verán que el significado del término está más allá de la frágil celda de una sola construcción oracional. Pero, como un virus que se pueda manifestar el multitud de cuerpos infectables, el mal es el mismo.
2.
Podrá parecer que exagero. Dirán que es una frase inocua, una de esas coletillas que se utilizan como argumento cuando alguien necesita poner sobre la mesa lo que llamaremos “personidad” y sus derechos asociados. Y que normalmente su uso no pasa de discusión en la cola del supermercado, de la gresca en el departamento de nóminas o el jaleo en la sala de espera del ambulatorio local, pasadas cuatro horas de tedio desde la hora en que nos hicieron venir, en esas absurdas disputas que se organizan casi que por pasar el rato.
Y aparentemente, el emisor clásico de la frase ni siquiera parece peligroso para el lenguaje común. La frase se relaciona con señoras de mediana edad, con bolso y en un alto porcentaje con una creativa permanente de Alfredo’s.
El habitat natural de esta expresión está entre verdes pastos como “mire usted, yo le voy a decir una cosa”, o “sabe lo que le digo (bis)” o “aquí lo que falta es educación, porque…”. Siendo el entorno más favorable, donde mejores resultados reproductivos ha dado la especie, eso de “a mí desde pequeña me enseñaron una cosa (se toma aire) que…”.
Como decía, por inofensiva que pueda parecer, no se lleven a engaño. Esa frase es el summum de la ineficacia interrelacional del homo sapiens. Nada de guerras ni de opresión ni de esclavitud. El mayor símbolo de que el hombre es un lobo para el hombre está ahí, en esas palabras. Cuando alguien necesita decir que es, primero que nada, ¿sabes?, persona, reivindica no un derecho que se le quebranta, sino toda su identidad, su propia esencia, para diferenciarse de los animales, los bichos, los mostros y otras criaturas menos agraciadas que uno.
Imaginen que clase de situación obliga a alguien a decir esa frase. Moralmente hablando algo de tanto peso debería ser de uso exclusivo de judíos en Austwich, de mineros esclavos del Perú o de reponedores de mercadona. Pero no. Y ahí llegamos al drama de esta expresión. La frase se ha popularizado y es de uso corriente y moliente, en esa calle, en ese mundo real donde (citando a los clásicos) “al lenguaje le salen los pelos en los huevos”.
A efectos de cubrir necesidades de comunicación, la frase maldita se ha desvirtuado de tal manera que vendría a ser como si para matar a un mosquito cabrón sacáramos siempre ceremoniosamente el AK-47 de la funda sobre el armario, mientras los niños van con gesto aburrido a coger el lanzallamas. O como si en un partido de futbol las hinchadas en vez de voladores, crearan ambiente lanzando rollos de papel higienico y luego bombas termonucleares de tamaño medio. Un despropósito.
Desde que alcancé a comprender esta gran verdad, divido mis días en dos clases: aquellos en los que oigo la frase y en los que no. Desgraciadamente, van ganando los dias malos.
Porque siempre hay una excusa. Y una buena mañana cualquiera puede torcerse si alguien suelta que, primero que nada y perdona que te diga, es persona, porque se le han colado en el bus.
O cuando una señora, entre las casi infinitas posibilidades que tendría para quejarse del ruido de sus vecinos, que van del marrullero “hijo de de la gran puta, baja la música o te arranco la cabeza” al legalista “que seeeepas que tienes puesta una querella criminal por esa música infernal que pones”, pasando por el conciliador “si bajas la música, dejo de mearte en la ropa que tiendes en al azotea”, optara en cambio por decir “miren, en este edificio, antes que nada, somos personas” para iniciar la perorata. Dijo Schopenhauer que el mundo actual es el resultado de muchas elecciones incorrectas. Schopenhauer o algún taxista, tampoco estoy seguro ahora ni el dato es importante. Pero diría que soltar lo de ser persona, lejos de resultar un orgulloso puño en alto humanista, es perpetuar un error que lleva las bases de la comunicación al desastre.
3.
Es bien sabido que los gobiernos de toda clase y condición han vampirizado siempre los pequeños éxitos de comunicación del momento. Ahí tenemos a la agencia tributaria plagiando el look amelie para concienciar al defraudador de lo importante de soltar dinero para las arcas españolas. O esas campañas contra la droga que usaban los latiguillos que algún publicitario creyó escuchar de pasada a su hija hablando por el móvil y que completaba luego con la jerga de series españolas de renombre que estaba viendo el domingo noche en vez de currarse el proyecto. Los resultados, pese a las buenas intenciones, no suelen ser mejores que cuando Espinete se metió en una fiesta punki allá en los 80, invitado por Chema, supongo que recordarán el episodio, troncos.
Pero nunca, hasta ahora, se había dado una conjunción tan perfecta entre el habla popular, la gravedad del mensaje y la inopia de las administraciones con presupuesto pendiente de justificar antes de las elecciones. No se puede evitar el asombro cuando uno ve y oye una macrocampaña en prensa, radio y cartelería varia del Gobierno de Canarias que reza un lapidario “Canarias por las personas”.
Si al releer las siete frases explicativas, que son como cenar pan y piedras, unas frases que parecen flotar en la yerma tierra de nadie, a mil kilómetros de todos los significados posibles, si en definitiva, el anuncio es tan absurdo, tan ubicuo, ambiguo y anodino que no se entiende de qué coño es la jodida campaña ni poniendo empeño y encima el alucinante dibujo explicativo de los carteles de 6×3 metros es una señora que sostiene una alcachofa en la mano, uno no puede evitar pensar que el futuro de la raza está ahora más en juego que cuando la crisis de los misiles cubanos, que la evolución no es necesariamente un camino sin retorno y que sí, que problamente, cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.
Atte Q
Octubre 23rd, 2006 at 18:26
Respecto al Quique´s blog…secundo la moción!
Ahora entiendo por que tarda tanto con los turnos el jodio
Octubre 24th, 2006 at 0:44
Estábamos comentando por aquí que mientras él no se anime nosotros iremos vampirizando sus ocurrencias… Y como no se esté muy al tanto, dentro de poco ni le ponemos la firma
Ya saben, “unos pies, grandes… ¡Enormes!”
Octubre 28th, 2006 at 16:37
[...] No sólo los que somos realidad archipielágica podemos aspirar a ser persona. Seguimos desde Catalunya las perlas de los políticos en campaña electoral que nos recuerdan que aquí también hay personas, y que lo que importan son las personas. Albert Rivera, candidato de Ciutadans de Catalunya se nos planta en pelota picada para demostrarlo. [...]