2 meses después

Hace ya algo más de dos meses desde que llegué a Sevilla. En este tiempo me han pasado muchas cosas, y otras tantas parece que no han cambiado nada. Para empezar, continúo usando mi viejo portatil de graciosas rayitas. Una monada. Mi flamante portatil ASUS está visitando por segunda vez Barcelona en menos de 1 mes, porque decidió enfermar de pantallitis. Si bien esta vez parece que traía el asunto en los genes, no por causas relacionadas a partes iguales con la ley de la gravedad, la ley de Murphy y la ley del manazas.

Tengo un bonito piso habitado por una inglesa con capa y botas élficas (permítanme la referencia friki), un gaditano “mu salao” y un gran familia de 10 generaciones de hormigas con voracidad ilimitada. No me puedo quejar, pese a los intentos de mi compañero de fumigarlas con colonia (niños y niñas, no lo prueben en sus casas, o Mamá estará cabreada durante semanas por el olor de los armarios de la cocina), yo he llegado a un pacto con ellas: no se meten en la nevera ni más allá de los paquetes precintados con dos pinzas y a cambio yo les dejo comerse los restos inalcanzables de los petit-suisse (odio esas estrías).

Mis vecinos de abajo son inexistentes y tolerantes a emisiones medias-altas de ruido, música y conversación ambiental nocturna. Supongo que estarán acostumbrados a mi otra vecina… “La mujer de rosa”. Una entrañable octogenaria que me vigila desde el edificio de en frente cual chica Bond en misión secreta. Lástima que olvide usar un albornoz fucsia cuando se esconde tras la ventana, de lo contrario sería de lo más discreta. A veces, para disimular sus movimientos pone el culebrón o el programa del corazón oportuno a un volúmen que causa temblores en las ventanas y a ella, probablemente, la enorme satisfacción de ser, por un momento, el centro de atención de la calle.

De estar la mujer de rosa ocupada en sus menesteres mis tardes siempre son amenizadas por un perroflautista que nos deleita con “El Himno de la Alegría” desde la salida del Lidl de la otra esquina. De faltar este inefable artista no fallan los gritos y broncas del “cani”, o “gorrita”, como dicen aquí, que se esfuerza por convencer a los incautos conductores de que sin su profesional consejo les será imposible aparcar en un espacio de 10 metros.

… No he ido más allá de lo que veo por mis ventanas y ya me lié demasiado, así que continuaré haciendo revisión de estos dos meses en futuros posts, que ya va siendo hora de resucitar al encapuchado tras la mudanza.

4 Responses to “2 meses después”

  1. sergio Says:

    Al ritmo que va el portátil tendrás que alquilarle algo en Barcelona para sus habituales visitas… en casa tenemos un bonito altillo que le iría de perlas.

  2. El Príncipe Mono Says:

    Las hormigas huirán despavoridas si utilizas polvos de talco. esos que nos ponian de pequeños en el culo…

  3. el encapuchado naranja Says:

    … Hoy me llamó el del Servicio Técnico casi llorando: lleva dos días con el ordenador encendido y no le ha dado ningún fallo. Es una derivación de la ley de Murphy aquella de: “Te juro que antes de que te llamara esto no funcionaba”.

    Príncipe: O los que les ponemos a los gorros de la piscina para que el turno de mañana no se los encuentre llenos de hongos… ;) Gracias por el consejo, trataré de tomar una posición de fuerza en mis negociaciones con las hormigas.

  4. el encapuchado naranja » Blog Archive » Dos meses después (y III) Says:

    [...] Después de comentar el prodigioso ecosistema que se observa a través de mis ventanas, y las impresiones generales que me ha causado Sevilla toca, al fin, hablar sobre el trabajo que estoy realizando. [...]

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