¿Cuántos menores institucionalizados hacen estudios universitarios?
Unos apuntes sobre un interesante artículo de El País, en el que se explica que ya son 27.000 los menores tutelados por las comunidades autónomas. Cada vez son más, pese a que cada vez hay menos menores. ¿A qué se debe entonces?
La labor preventiva con las familias ahorraría drásticas retiradas de niños. Una faceta que se ha descuidado, aunque ahora se intente subsanar. “El trabajo con la familia biológica es el gran déficit que hemos tenido, lo sensato es poner medios para atajar la situación y ver si es recuperable”, sostiene Marino Villa, adjunto a la Síndica de Greuges -la defensora ciudadana- de Barcelona. Poco que ver con lo que ha distinguido hasta ahora al sistema. “Como el interés del menor es el bien supremo, aparto al niño de las brasas y entonces ya no encuentro razón para averiguar por qué existen las brasas”, critica. [...]
Quienes hemos trabajado en centros de menores hemos vivenciado más de una vez cómo se intenta dar una solución a la situación del menor con “antigripales”, es decir actuando sobre los síntomas, y no sobre la causa. Mientras se trabaja desde el centro con el menor, intentando acompañarle en el difícil camino de la buena convivencia con los compañeros, la escolarización, la madurez afectiva y psicológica, etc. en la mejor de las ocasiones tal vez se hace un mínimo seguimiento de la situación familiar desde el centro. Una familia que encarna los problemas de la situación del menor y que no olvidemos que en un 90% es de bajos recursos, vive en un barrio en que los servicios sociales están colapsados y desconoce gran parte de sus derechos.
“No todas las comunidades autónomas proporcionan el mismo nivel de políticas y servicios sociales para los grupos más marginados de la población, en particular familias pobres, familias monoparentales, así como para niños gitanos y niños de familias inmigrantes”, censuraba a España, en 2002, el Comité de Derechos del Niño de la ONU. [...]
Valdría tan sólo comparar desde mi propia experiencia la importancia que se le da a la Educación de Calle en Canarias y en Cataluña. Mientras que en la primera es algo aún anecdótico en los equipos de servicios sociales de zona, Barcelona integra al educador de calle como alguien más del paisaje urbano. Y qué decir de los llamados “centros de protección” en los que niños maltratados decidían fugarse del centro y regresar con su padre maltratador para evitar los abusos, extorsiones, robos y violencia de sus compañeros, ante la incapacidad de los educadores para atajar esas situaciones por falta de una ratio educador-menor adecuada o a veces, simplemente, por miedo e impotencia ante los menores agresores.
“Lo más importante es para qué se interviene y si conseguimos compensar los déficits. ¿Cuántos menores institucionalizados hacen estudios universitarios? El déficit es también el proyecto de salida”
Y para finalizar, respondiendo a la pregunta del título, ya que no lo hace el artículo. He trabajado dos años en centros de menores, centros de urgencias o acogida, por los que hay mucho más movimiento que los residenciales, y por lo tanto se ven más niños y niñas. Podría dar una cifra a “ojo” de unos 200 niños y niñas que he atendido. No consigo recordar uno sólo que hubiera estudiado bachillerato. Tampoco uno que estuviera matriculado o tuviera oportunidades de hacerlo en un ciclo formativo de grado medio.
Está claro que los centros de menores deberían ser la ultimísima opción, pero para eso hace falta voluntad y coraje para poner al día unos servicios sociales de zona deficientes e inadecuados, trabajar en los barrios y plazas, con las familias que no tienen tiempo ni recursos para educar a sus hijos y no pretender solucionar todos los problemas con la institucionalización.
Noviembre 16th, 2007 at 4:04
[...] Jon, también conocido como El Encapuchado Naranja, ha respondido a la invitación. Jon firma hoy este interesante artículo, que ya pudimos disfrutar el pasado miércoles en su blog, y que ha tenido a bien compartir en este espacio. Gracias, por tanto, a Jon; sólo nos queda invitar a que toda aquella persona que quiera compartir sus reflexiones, sus posts o sus noticias sobre el mundo de la Educación Social, que haga como Jon y mande un mail al correo info (ARROBA)bsidee.org con un texto relacionado con nuestra profesión y los muchos ámbitos que ésta toca. [...]
Noviembre 22nd, 2007 at 21:14
No es que esté en plan vago o que no me quiera comer mucho la cabeza respecto al artículo del Encapuchado, pero, sepodría decir que prácticamente suscribo una a una sus palabras.
Por ello, me voy a limitar a reforzar aún más la primera parte de su texto, haciendo hincapié en la importancia de la intervención precoz, es decir, intervenir cuanto antes con las familias con menores que se puedan considerar de riesgo. Yo casi casi lo priorizaría frente al trabajo de calle u otro tipo de intervenciones (si bien, todos sabemos que son perfectamente compatibles… Esto daría para un debate, ¿no, Jon?)
Intervención precoz con niños y madres y padres. Con niños cuanto más pequeños mejor. Activar a los recursos detectores de primaria infancia: escuelas infantiles, guarderías, pediatras… A edades tempranas todos sabemos que se empiezan a ver cosas… Si lo cogemos a tiempo evitaremos esos cada vez más crecientes números de internamientos y formaremos mejores muchachos y muchachas…
En fin utópico, perogrullesco y típico. Pero no quiero dejar de dar esa imprtancia a este aspecto.
Saludos!!
Julio 29th, 2009 at 2:07
soy trabajadota social y para licenciarme estoy haciendo una tesis sobre menores institucionalizados.. es dificil encontrar bibliografia de modo que si pudieran sugerirme algo seria de gran ayuda gracias!
Agosto 25th, 2009 at 14:34
La respuesta a esta pregunta es: muy pocos, sin duda menos de los que deberían.
La siguiente pregunta es: ¿por qué no hay más? Aquí entrarían muchos factores, tanto relacionados con el área de menores con las escasas posibilidades que tendrán de vivir de manera autónoma cuando cumplan 18 años.
Para no ser repetitivo añadiré una serie de consideraciones sobre los acertados comentarios anteriores.
1ª Una pregunta que me hago: ¿cómo es posible que ingrese un niño en un centro con 3, 4 ó 5 años y salga con 18 sin formación, sin empleo, habiendo cometido delitos, consumiendo sustancias tóxicas…? Y no hablo de casos aislados, sino desgraciadamente de algo que sucede con demasiada frecuencia. Dentro de las respuestas que yo encuentro está la de que no se ha hecho un buen trabajo con ellos, mezcla de responsabilidades entre las ONG/empresas que los han atendido, los profesionales contratados (o voluntarios), las Administraciones que los supervisan… Es decir, todos lo podíamos haber hecho mejor.
2ª ¿Alguien duda que sería más conveniente trabajar con los menores en familias acogentes que en centros de acogida? Y no me digan que económicamente es más caro, porque no es cierto.
3ª Existen familias con motivación para el cambio y con posibilidades de lograrlo, pero algunas otras familias presentan múltiples indicadores de desamparo, “pasotismo” absoluto respecto a sus hijos y una cronificación en sus “problemas”, que cualquiera que las vea y tenga “dos dedos de frente” diría que siempre serán así. Sin embargo, en muchas ocasiones nos empeñamos en darles más oportunidades esperando un cambio que nunca llegará y condenando mientras tanto a sus hijos a permanecer en un contexto artificial como es un centro.
4ª ¿Por qué se permite que una familia que va creando, una tras otra, “víctimas entre sus hijos”, continúe teniendo hijos y no se les retiran y son dados en adopción con la mayor brevedad posible?
Vaya por delante que llevo trabajando algunos años en este sector y continúo en él porque me motiva y me gusta conseguir cambios en los menores y sus familias, pero no dejo de reconocer que el mejor de los centros nunca será como una buena familia, sea la biológica del menor o no lo sea. Lo que importa es el cariño que le den, las habilidades que tengan y el esfuerzo que realicen.
En resumen, debemos realizar una revisión profunda del funcionamiento que estamos teniendo, y dejar de responsabilizar a la Administración porque paga poco, a las ONG porque contratan en condiciones infrahumanas, a la Sociedad porque no ayuda a integrar a estos menores… Todo eso es cierto en muchas ocasiones, pero si no somos capaces de autoevaluarnos, reconocer nuestras virtudes y limitaciones, y comprender QUE TODOS BUSCAMOS LO MEJOR PARA EL MENOR, muy poco habremos avanzado hacia ese objetivo.
Un cordial saludo y disculpen sus alguno de mis comentarios puede haber resultado molesto para alguien.
luis_parrado@hotmail.es
Noviembre 22nd, 2009 at 3:41
hola, me encuentro ahora trabajando en mi proyecto de máster, y buscando información de otro tipo di con tu blog. No pude resistirme a leerlo, y menos a mostrar mi parcial desacuerdo. Le cuento, y no me avergüenzo (ahora, en su momento muuuuuuxo) Primero fui institucionalizado con menos de un año allí en Barcelona. Hasta los 7 años fui tutorado de la generalitat. Mis padres se trasladaron a otra localidad en otra comunidad en la otra punta, y a los 2 años fui institucionalizado hasta el curso pasado. Con lo cual he pasado 22 años de mi vida en centros. Estoy de acuerdo en que se recurre a los centros como medida casi única, y en muchos casos esto sólo hace q perjudicar al menor. Conozco como es lógico el sistema, y lo que allí se cuece. Sin embargo en cuanto al tema de licenciados (tan necesarios como otros oficios….), decirte que no lo comparto. Mi hermano, al igual que yo, es licenciado. Pero no es algo extraordinario, antes q nosotros hubieron otros (cierto q no muchos, pero ha habido), y no sólo en el centro donde yo vivia, sino en otros de la misma comunidad. Trabajo de la administración? NO, trabajo del personal que trabaja alli?sin duda. Siéndole sincero/a, considero que el problema del fallo en la educación de los menores en CAMs no reside en la gestión de la administración (quien al fin y al cabo suele actuar en consonancia con el centro), sino en todas aquellas comunidades donde se ha dejado la educación de los menores (falta de responsabilidad administrativa y educacional a mi juicio) en manos de asociaciones. En mi centro los profesionales son funcionarios, lo que permite como ya sabra, un mejor desarrollo en la comunicación trabajador- menor, seguimiento académico, seguimiento personal diario, etc.. Al fin y al cabo un menor necesita una familia, o lo más cercano. No soy contrario a la privatización en general (siempre q se den opciones públicas) pero sí contrario a la privatización por sistema y más en cuestión de medidas sociales. NO FUNCIONA